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    Perfil | Baterista de heavy metal y ahora primera ministra: quién es Sanae Takaichi, la nueva líder de Japón

    En un hito que rompe décadas de tradición patriarcal, Sanae Takaichi, de 64 años, se convirtió este martes en la primera mujer primera ministra de Japón, un país donde las mujeres ocupan apenas el 16% de los escaños parlamentarios y el 118º lugar en el Índice Global de Brecha de Género del Foro Económico Mundial. Elegida con 237 votos en la Cámara Baja de la Dieta (Parlamento) –cuatro más de los necesarios– y proclamada oficialmente por el emperador Naruhito en una solemne ceremonia en el Palacio Imperial, la conservadora del Partido Liberal Democrático (PLD) asume el mando en un contexto de crisis económica, amenazas geopolíticas y erosión de apoyo al partido gobernante desde 1955.

    Discípula del asesinado Shinzo Abe y admiradora de Margaret Thatcher –a quien emula con trajes azules y apodo de «Dama de Hierro»–, Takaichi fusiona un pasado rockero con una agenda ultranacionalista que promete estímulos a la economía, pero genera alertas por su rechazo a reformas sociales progresistas.

    Su victoria, tras derrotar a Shinjiro Koizumi en las primarias del PLD el 4 de octubre y forjar una alianza de última hora con el conservador Partido de la Innovación (Ishin), llega en la estela de la dimisión de Shigeru Ishiba en septiembre, quien perdió la mayoría parlamentaria en elecciones legislativas. En X, la noticia explotó con memes de su afición por el heavy metal –»La Iron Maiden de Japón», bromeó un usuario–, y debates sobre si su ascenso empodera a las mujeres o refuerza el conservadurismo. Takaichi, visiblemente emocionada al recibir la felicitación de Hirofumi Yoshimura de Ishin, prometió «diálogo con la oposición» en un gabinete minoritario que solo incluye dos mujeres: Satsuki Katayama como ministra de Finanzas y Kimi Onoda en Seguridad Económica.

    De Nara a la Dieta: Un ascenso improbable con baquetas en mano

    Nacida en 1961 en la prefectura de Nara –hogar de antiguos templos y ciervos sagrados–, Takaichi creció en un hogar modesto: su madre era oficial de policía y su padre, obrero en una fábrica de autopartes. Lejos de las élites toquinesas, viajaba seis horas diarias en bus y tren a la Universidad de Kobe, soñando con independencia mientras su madre le prohibía mudarse hasta el matrimonio. Allí, canalizaba su rebeldía en una banda de heavy metal universitaria, tocando covers de Iron Maiden, Deep Purple, Black Sabbath y Metallica, rompiendo baquetas en sesiones intensas que la BBC describe como «terapéuticas». «Llevaba cuatro pares de repuesto», recordó en una entrevista con Tokyo FM, donde confesó que aún practica en un kit electrónico en su residencia parlamentaria, con auriculares para no molestar.

    Su afición por las Kawasaki –poseía una Z400GP roja y negra– y el buceo contrastaba con su ingreso al Instituto Matsushita de Gobierno en los 80, un vivero de líderes. Una pasantía en la oficina de la feminista demócrata Patricia Schroeder en Washington la expuso a la política internacional, pero Takaichi optó por el ala dura japonesa. Elegida diputada por Nara en 1993 –reelecta diez veces–, escaló como ministra de Asuntos Internos, Comunicaciones, Comercio e Industria, y Seguridad Económica. Abe, quien la incluyó en su gabinete en 2014, la llamó «la verdadera estrella conservadora», según The New York Times. Antes de la política, fue presentadora de TV, y en lo personal, se casó dos veces con el exdiputado Taku Yamamoto, con quien tiene tres hijastros.

    En X, su juventud rockera viralizó: @AlacranReporte compartió un video de su elección, destacando su rareza en un Japón patriarcal, mientras @polialwhisky la bautizó «conservadora, rockera y discípula de Abe».

    Conservadurismo con toques sociales: ¿Dama de Hierro o halcón nacionalista?

    Takaichi se autodefine como «conservadora acérrima», oponiéndose al matrimonio igualitario –»socava la tradición familiar»– y al derecho de las mujeres casadas a retener su apellido de soltera, una norma que afecta al 96% de las japonesas. Su devoción al santuario Yasukuni, que honra a 14 criminales de guerra de la II Guerra Mundial, irrita a China y Corea del Sur, y aboga por revisar la Constitución pacifista para un «Japón fuerte» ante Pekín y Pyongyang. Críticos como El Confidencial advierten un «regreso a fantasmas imperiales», especialmente con la gira asiática de Trump esta semana.

    Sin embargo, en campaña moderó su tono, centrándose en la crisis demográfica –Japón pierde 500.000 habitantes anuales– y la conciliación familiar. Prometió incentivos fiscales para empresas con guarderías y deducciones para niñeras, inspirada en sus tres experiencias cuidando familiares enfermos: «Mi determinación es que nadie deje su trabajo por cuidar», declaró. Aunque limitada en diplomacia, nombró a Toshimitsu Motegi como canciller y Shinjiro Koizumi en Defensa, equilibrando facciones del PLD.

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