Agentes de Interpol y de la Unidad de Asuntos Policiales Internacionales detuvieron al sacerdote Antonio María Cabrera Cabrera por el delito de violación en perjuicio de una menor de edad, según informó la Fiscalía General de Justicia del Estado de México. El arresto se llevó a cabo en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) la noche del 11 de junio.
El sacerdote, exdirector de la Facultad de Bioética de la Universidad Anáhuac, es señalado por presuntamente haber cometido agresiones sexuales en repetidas ocasiones entre 2004 y 2011 en un inmueble del municipio de Naucalpan, Estado de México. La denuncia fue interpuesta en diciembre de 2024, dos décadas después del primer ataque documentado.
De acuerdo con la Fiscalía mexiquense, uno de los episodios ocurrió el 16 de mayo de 2004, cuando Cabrera habría sometido a la víctima. En otros incidentes, en abril de 2007 y diciembre de 2011, también habría recurrido a amenazas y coerción para abusarla sexualmente. Tras su captura, el sacerdote fue trasladado al Centro Penitenciario y de Reinserción Social de Tlalnepantla.
La congregación religiosa Legionarios de Cristo, a la cual pertenece Cabrera, emitió un comunicado donde afirma haber tenido conocimiento del caso recientemente y expresó su disposición para colaborar con las autoridades civiles. “Desde que nos enteramos del hecho, hemos intentado esclarecer la situación dado que no hemos recibido información por parte de las autoridades”, señalaron.
Una congregación marcada por el abuso
La detención revive los escándalos que por años han perseguido a los Legionarios de Cristo, congregación fundada en 1941 por Marcial Maciel, uno de los casos más infames de abuso sexual dentro de la Iglesia Católica.
Maciel, quien dirigió la organización durante décadas, fue acusado de abusar sexualmente de seminaristas, tener hijos con varias mujeres, y usar su poder para encubrir crímenes. Aunque las primeras denuncias contra él surgieron en los años 50, no fue sino hasta 2006 cuando el Vaticano le prohibió ejercer públicamente el ministerio sacerdotal, instándolo a una vida de penitencia.
Las investigaciones posteriores confirmaron los abusos y llevaron a una intervención directa del Vaticano, que promovió reformas y supervisó una reestructuración interna de la orden religiosa.
Una herida abierta en la Iglesia
La detención de Antonio María Cabrera representa un nuevo episodio que afecta la credibilidad de los Legionarios de Cristo, así como de otras instituciones que han sido señaladas por encubrimiento sistemático de abusos. También pone en evidencia los retos persistentes en la atención a víctimas y en los procesos de justicia penal en casos de violencia sexual, especialmente aquellos ocurridos dentro de estructuras eclesiásticas.
Por ahora, el sacerdote enfrentará un proceso legal en el Estado de México, mientras las autoridades federales y eclesiásticas siguen bajo presión para garantizar justicia, verdad y reparación.
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