El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a encender las alertas diplomáticas al afirmar que considera viable autorizar ataques dentro de México para enfrentar a los cárteles del narcotráfico. Durante una rueda de prensa en el Despacho Oval, el mandatario sostuvo que ya no está «contento» con los resultados del combate mexicano contra las redes criminales y que «por mí está bien» lanzar acciones directas, una declaración que abre un frente político y militar en plena escalada regional. Con esta postura, Trump vincula su frustración con las cifras de muertes por sobredosis en su país y empuja el debate hacia un terreno donde Washington asume un rol unilateral que incomoda a su principal socio comercial. Además, el anuncio sucede mientras la Operación Lanza del Sur incrementa la presión militar estadounidense en el Caribe y aumenta el riesgo de nuevas confrontaciones.
Tensión creciente por el narcotráfico
Trump declaró ante periodistas que no descarta ataques directos en territorio mexicano. Aseguró que mantiene comunicación con el Gobierno de México, aunque no detalló el contenido de esas conversaciones. Dijo únicamente que las autoridades mexicanas «saben» cuál es su postura y que la situación de las drogas exige respuestas más duras.
El presidente afirmó: «¿Autorizaría el lanzamiento de ataques en México para frenar las drogas? Por mí está bien». Después reforzó su mensaje con otra frase igual de tensa: «No digo que lo vaya a hacer. Pero estaría orgulloso de hacerlo». Con esto, el mandatario elevó una postura que hasta hace unas semanas se mantenía en un tono diplomático y colaborativo.
Hasta hace poco, Trump había elogiado a la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, por su cooperación. Sin embargo, sus nuevas declaraciones sugieren un giro abrupto. Ahora insiste en que «no está contento con México», apuntando a las cifras de muertes por sobredosis en EE. UU. y a su percepción de que los esfuerzos binacionales no son suficientes.
La referencia a los decesos por drogas forma parte de su narrativa interna. Trump asegura que la situación representa una emergencia nacional y que las organizaciones criminales operan con mayor libertad de la que su gobierno está dispuesto a tolerar.
Lanza del Sur y el impacto regional
Las declaraciones del presidente coinciden con la intensificación de la Operación Lanza del Sur, el despliegue militar ordenado por Washington para combatir el narcotráfico y el terrorismo en América Latina. Desde septiembre, el Ejército estadounidense ha destruido más de 20 embarcaciones en aguas del Caribe y el Pacífico, principalmente cerca de Venezuela y Colombia. Según la Casa Blanca, más de 70 personas han muerto en esos operativos, a las que se describe como «narcoterroristas».
Este enfoque ha generado preocupación internacional por el uso creciente de fuerza letal sin procesos judiciales claros. Además, la operación incrementa el riesgo de un incidente diplomático con gobiernos que acusan a Washington de extralimitarse.
La tensión con Venezuela es particularmente delicada. Trump reiteró que no descarta «ninguna opción» para una posible intervención militar en ese país. También aseguró que está dispuesto a hablar con el presidente Nicolás Maduro, aunque insistió en que «tenemos que encargarnos de Venezuela». La combinación de ataques marítimos, presión retórica y advertencias directas provoca incertidumbre en la región.
Riesgos para la relación bilateral y el futuro inmediato
Las palabras del presidente estadounidense llegan en un momento en que la cooperación entre México y EE. UU. sigue siendo clave para el comercio, la seguridad y el control migratorio. Una amenaza abierta de operación militar dentro del territorio mexicano podría generar una crisis diplomática inmediata. Además, coloca a la administración de Sheinbaum en una posición compleja: responder con firmeza sin dinamitar la cooperación estratégica.
Analistas advierten que Trump usa la amenaza militar para reforzar su narrativa de mano dura, aunque esto podría comprometer canales de inteligencia y coordinación que ya funcionan. El mensaje también impacta en la opinión pública mexicana, donde históricamente cualquier intervención extranjera genera rechazo.
A pesar de la tensión, no está claro si la Casa Blanca realmente considera un ataque directo o si las declaraciones forman parte de una presión política para acelerar acuerdos bilaterales. Lo cierto es que la región enfrenta un momento de máxima incertidumbre.
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