Las tensas negociaciones entre Estados Unidos y China en torno a los aranceles concluyeron este sábado sin señales de avance tangible, tras una maratónica reunión de 10 horas en Ginebra. Las delegaciones, encabezadas por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino, He Lifeng, acordaron continuar las conversaciones el domingo.
A pesar de la extensión de la reunión, ninguno de los equipos ofreció declaraciones a la prensa al término del encuentro. La cita tuvo lugar en la Villa Saladin, una lujosa propiedad del siglo XVIII con vista al lago de Ginebra, ahora propiedad del estado suizo. Varias caravanas de vehículos diplomáticos salieron del lugar sin emitir información oficial.
Un funcionario estadounidense, que pidió anonimato, confirmó a AP que el diálogo continuará, pero admitió que aún no hay acuerdos concretos sobre la reducción de aranceles. Las expectativas son moderadas, ya que ambas partes han endurecido sus posturas en las últimas semanas.
Tensión económica sin resolución a la vista
La guerra comercial escaló nuevamente en abril, cuando el presidente Donald Trump elevó los aranceles a las exportaciones chinas a un 145 %, mientras que Beijing respondió con gravámenes del 125 % a productos estadounidenses. Este cruce impositivo equivale a un boicot mutuo y ha paralizado el comercio bilateral que en 2024 superó los 660 mil millones de dólares.
En una señal ambigua, Trump escribió en su red Truth Social que “¡80 por ciento de arancel parece correcto! Depende de Scott”, lo que dejó abierta la posibilidad de ajustes si China hace concesiones sustanciales.
Desde su regreso a la Casa Blanca en enero, Trump ha hecho de los aranceles una herramienta clave de su política económica. Impuso un impuesto del 10 % a las importaciones globales, y uno adicional del 20 % para presionar a China sobre el tráfico de fentanilo. El 125 % restante se vincula a disputas previas durante su primer mandato.
Expertos como Yun Sun, del Stimson Center, dudan que esta primera reunión produzca resultados significativos, aunque incluso una pequeña reducción arancelaria enviaría un mensaje positivo a los mercados. «No puede haber sólo palabras», advirtió.
En el fondo, subsisten disputas estructurales no resueltas desde el primer mandato de Trump. Washington acusó a Beijing de prácticas desleales en tecnología, como la transferencia forzada de conocimientos y subsidios ilegales. En 2020 se firmó un acuerdo preliminar (Fase Uno), pero los compromisos chinos nunca se cumplieron por completo, en parte por la pandemia de Covid-19.
Trump también ha expresado frustración por el déficit comercial con China, que el año pasado alcanzó los 263 mil millones de dólares. Esta cifra sigue alimentando la retórica proteccionista de su administración.
En paralelo, Trump suavizó temporalmente sus amenazas contra Suiza, suspendiendo aranceles del 31 % a cambio de una tarifa del 10 %, aunque advirtió que podría volver a aumentarlos. Berna reaccionó con cautela, señalando posibles efectos negativos sobre industrias clave como la de relojes, café, queso y chocolate.
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