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    La cara oculta de ChatGPT: alto consumo de agua por cada consulta

    En redes sociales, la tendencia de convertir fotos al estilo de los estudios Ghibli ha encantado a millones. Sin embargo, detrás de la estética animada y la diversión digital, se esconde una realidad alarmante: el creciente impacto ambiental de la Inteligencia Artificial (IA), especialmente en el consumo de agua.

    Los sistemas como ChatGPT, Gemini o Grok no solo requieren potentes servidores para funcionar, también implican un uso intensivo de energía y agua. Aunque el vínculo entre IA y recursos hídricos no es evidente a primera vista, los expertos aseguran que este es uno de los aspectos menos discutidos y más urgentes por abordar.

    Millones de galones diarios por una imagen o una respuesta

    De acuerdo con el Dr. Miguel González, docente del Tecnológico de Monterrey, los centros de datos que procesan consultas y generan contenidos con IA consumen hasta 5 millones de galones de agua al día. Esto se debe principalmente a los sistemas de refrigeración que mantienen en operación continua los servidores, los cuales trabajan las 24 horas al día, los siete días de la semana.

    Estos centros se ubican en diferentes partes del mundo, incluidos Estados Unidos, Europa, Asia y Latinoamérica, en zonas estratégicas que les permiten responder a la demanda global. Además de electricidad, el recurso hídrico es fundamental para evitar el sobrecalentamiento de los equipos.

    Una investigación de la UNAM reveló que una sola consulta promedio en ChatGPT puede utilizar hasta medio litro de agua, considerando el ciclo completo de enfriamiento. Si se multiplica por millones de preguntas realizadas a diario en todo el mundo, la cifra se vuelve preocupante.

    Aunque empresas como Google y Microsoft han anunciado planes para reponer el agua que consumen en sus centros de datos antes de 2030, el crecimiento exponencial del uso de IA sugiere que esta compensación podría quedarse corta.

    Responsabilidad digital frente a la huella hídrica

    Ante esta situación, el Dr. González señala que el consumo responsable de estas tecnologías es clave. «No se trata de satanizar la IA, sino de entender su impacto y usarla cuando realmente sea necesario. Detrás de cada imagen bonita o respuesta rápida, hay recursos finitos que estamos comprometiendo», advirtió.

    El especialista también mencionó otros riesgos asociados al uso sin criterio de las herramientas digitales, como el robo de identidad y los fraudes por redes sociales, recordando que la tecnología requiere siempre un enfoque ético y consciente.

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