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    Gobierno admite impacto ambiental del Tren Maya y promete retirar mallas en tramo 5

    Después de años de señalamientos, el gobierno federal finalmente reconoció los daños ambientales causados por el Tren Maya, especialmente en el tramo 5 sur, que va de Playa del Carmen a Tulum. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) aceptó que hubo afectaciones serias al ecosistema local y anunció medidas inmediatas, como el retiro de mallas metálicas colocadas sobre cenotes y viaductos elevados.

    Primeras medidas tras años de denuncias

    El colectivo ambientalista Sélvame del Tren, uno de los grupos que ha documentado los impactos del proyecto desde su inicio, celebró el reconocimiento tardío de la Semarnat. Guillermo D’Christy, activista del colectivo, reveló que las mallas encapsulan cuerpos de agua y zonas naturales vitales para la fauna. Estas estructuras, instaladas durante la construcción del viaducto elevado del tramo 5 sur, impiden la libre circulación de animales y alteran el ecosistema.

    Durante una visita oficial a la zona, funcionarios de Semarnat caminaron junto a ambientalistas por los cenotes y ríos subterráneos del sistema Aktun T’uyul. Fue entonces cuando constataron el daño ambiental, algo que Sélvame del Tren había advertido desde el inicio del megaproyecto ferroviario impulsado por el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador.

    La Semarnat también anunció que se encuentra evaluando la declaración de nuevas reservas de la biosfera en áreas colindantes al Tren Maya para evitar más construcciones que afecten la selva, los corredores biológicos y el acuífero.

    Contaminación, sobrecostos y falta de remediación

    La Auditoría Superior de la Federación (ASF) corroboró las denuncias de los ambientalistas al comprobar el derrame de concreto en al menos cuatro cavernas: Garra de Jaguar, 8 Balas, Manitas y Oppenheimer. Estos vertidos ocurrieron durante 2024, pero fueron detectados en la revisión de la cuenta pública 2023. La ASF señaló que dichos incidentes generaron un sobrecosto de 31 millones de pesos, y que no se acreditaron trabajos de remediación.

    Además de los derrames, la construcción implicó la demolición de cuevas y más de 20 perforaciones ilegales en zonas frágiles del subsuelo. Elias Siebenborn, otro activista ambiental, documentó daños específicos en la entrada del sistema Aktun T’uyul, donde el taladramiento afectó los niveles de agua y la pureza del acuífero.

    Fragmentación del hábitat y pasos de fauna inconclusos

    La conectividad ecológica es otra de las víctimas del tramo 5 sur. Aunque se prometió la creación de 30 pasos de fauna (tres aéreos y el resto subterráneos), el Center for Biological Diversity reveló que al menos 15 kilómetros del trayecto —desde la estación de Playa del Carmen hasta más allá de Calica— no incluyen ningún paso de fauna. Esto provoca una fragmentación del hábitat, lo que representa una barrera para las especies que dependen de corredores continuos para su supervivencia.

    A pesar del reconocimiento, los ambientalistas advierten que el problema no está resuelto. Consideran que la remoción de mallas es apenas el primer paso en una larga lista de pendientes. Entre ellos, destacan el monitoreo de la fauna, la restauración del ecosistema y la contención del crecimiento inmobiliario asociado al Tren Maya.

    De fondo, persiste una duda mayor: ¿por qué se ignoraron durante años las advertencias de científicos, colectivos y organismos internacionales? La respuesta, según los activistas, está en la prisa política por concluir una obra emblemática sin considerar el impacto ambiental a largo plazo.

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