Mundial 2026 en riesgo: restricciones migratorias de EE. UU. preocupan a los organizadores

A un año de que arranque la Copa Mundial de la FIFA 2026, las políticas migratorias de EE. UU. se han convertido en una preocupación central para los comités organizadores del torneo. Representantes de las 11 ciudades sede en territorio estadounidense advirtieron que las restricciones de entrada impuestas por la administración Trump podrían comprometer la logística del evento, así como la experiencia de miles de aficionados internacionales que planean asistir.

La alarma se encendió durante una reunión en Filadelfia el 9 de junio, donde delegados de cada sede discutieron los desafíos derivados de la normativa federal. Meg Kane, vocera del comité organizador de Filadelfia, declaró: “Estamos planificando dentro de un contexto de incertidumbre. Las decisiones migratorias pueden afectar el torneo en múltiples niveles”.

La Copa Mundial 2026 se celebrará del 11 de junio al 19 de julio en 16 ciudades de Estados Unidos, México y Canadá. Sin embargo, las fases finales —incluyendo cuartos, semifinales y la gran final en el estadio MetLife de Nueva Jersey— se disputarán exclusivamente en suelo estadounidense. Esta centralización en EE. UU. amplifica la relevancia de las restricciones migratorias.

Sin excepciones para aficionados

La orden ejecutiva en vigor excluye de entrada a ciudadanos de 12 países, entre ellos Irán, Siria, Venezuela, Somalia y Yemen. Aunque se contemplan exenciones para jugadores, entrenadores y familiares directos, no existe una vía especial para los fanáticos. El sitio The World Cup Guide calificó esta omisión como “una desventaja logística severa”, ya que en ediciones anteriores como Rusia 2018 y Catar 2022, se usaron sistemas como el Fan ID para facilitar la entrada de hinchas.

A esto se suma otro problema: los extensos tiempos de espera para conseguir visas de turista B-2. En consulados como los de México, India o Nigeria, las demoras superan los 300 días, lo cual podría impedir que incluso ciudadanos no afectados por el veto migratorio logren entrar al país a tiempo.

The Daily Beast reveló que cientos de aficionados de los países vetados ya adquirieron entradas, ignorando que podrían no obtener visa. La incertidumbre ha generado malestar entre las federaciones deportivas y el público internacional.

Organismos locales y tensiones políticas

Los organizadores han solicitado claridad al gobierno federal. Alex Lasry, director del comité organizador de Nueva York/Nueva Jersey, subrayó:

“En cada evento deportivo de gran escala hay geopolítica. Esta Copa del Mundo no es la excepción”.

La alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, expresó a Reuters que pedirá suspender temporalmente las redadas migratorias en su ciudad durante el torneo. Advirtió que la presencia de operativos podría “contradecir la imagen de país anfitrión” que Estados Unidos busca proyectar.

En paralelo, la Cámara de Representantes aprobó 625 millones de dólares para seguridad, logística y organización del Mundial. Los fondos serán gestionados por FEMA y otras agencias federales, pero no existe aún un mecanismo que garantice el ingreso de público de países vetados.

FIFA en silencio y antecedentes recientes

FIFA no ha emitido un pronunciamiento oficial sobre las restricciones impuestas por EE. UU. Según PBS NewsHour, mantiene conversaciones con autoridades para abordar temas de visado, pero sin resultados visibles. Además, a diferencia de ediciones anteriores, no existe un comité local único, lo que limita su capacidad de intervención.

La preocupación también se alimenta de incidentes recientes. En la final de la Copa América 2024, celebrada en Miami, la irrupción de fanáticos sin boletos generó un retraso de 82 minutos. La directora del comité local, Alina Hudak, confirmó que se están revisando los protocolos de acceso y seguridad para evitar que algo similar ocurra durante el Mundial.

Con la cuenta regresiva en marcha, los comités organizadores, alcaldes locales y organismos internacionales coinciden en que Estados Unidos debe definir pronto si priorizará la logística deportiva o sus restricciones migratorias. De lo contrario, el evento corre el riesgo de verse empañado por su propio anfitrión.

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