La Comisión de Bolsa de Valores de Tailandia congeló las cuentas bancarias y activos de Jakkaphong ‘Anne’ Jakrajutatip, copropietaria de Miss Universo y fundadora del conglomerado JKN Global Group, tras considerarla “no apta y poco confiable” para los negocios. La decisión ocurre en medio de un proceso penal por presunto fraude, malversación y desvío de fondos, que incluye una orden de arresto vigente luego de que la empresaria no acudiera a la audiencia final de su juicio en Bangkok.
El caso trasciende el ámbito corporativo tailandés por su impacto en una de las marcas de entretenimiento más conocidas del mundo. Jakrajutatip controla el 50% de Miss Universo y su socio es el mexicano Raúl Rocha Cantú, quien adquirió la otra mitad del certamen tras la bancarrota de JKN y enfrenta acusaciones en México por presuntos vínculos con el crimen organizado. El cruce de procesos judiciales en dos países distintos coloca al certamen en una zona de riesgo reputacional sin precedentes.
De acuerdo con la autoridad bursátil tailandesa, la investigación detectó el uso de testaferros, contratos simulados y registros financieros falsos para engañar a inversionistas. El monto de la presunta trama asciende a unos 16 millones de dólares. Como medida cautelar, los activos de Jakrajutatip quedarán congelados durante al menos 180 días, mientras se desarrollan las diligencias judiciales y administrativas.
La corte Bangkok South Kwaeng tenía previsto dictar sentencia el 26 de diciembre. Sin embargo, la ausencia de la acusada en la audiencia final derivó en la emisión de una orden de arresto el pasado 25 de noviembre. Desde entonces, su paradero es desconocido y no ha emitido postura pública sobre las acusaciones.
Una crisis que rebasa a JKN y golpea la gobernanza de Miss Universo
El origen del problema se remonta a la situación financiera de JKN Global Group. La empresa se declaró en bancarrota en noviembre de 2023, tras reconocer problemas severos de liquidez. Dos meses después, anunció la venta del 50% de Miss Universo a Raúl Rocha Cantú, operación que buscaba aliviar la presión financiera, pero que terminó ampliando el foco de atención internacional sobre la gobernanza del certamen.
La Comisión de Bolsa de Valores de Tailandia ordenó además la salida de JKN del mercado de valores local, una sanción que implica el retiro definitivo de una empresa que durante años fue presentada como ejemplo de expansión mediática en Asia. La autoridad también prohibió a Jakrajutatip ejercer cargos en empresas públicas y le restringió la salida del país, aunque esa última medida no ha podido ejecutarse.
Para analistas financieros, el caso revela fallas estructurales en la supervisión corporativa y en la transparencia de conglomerados que combinan entretenimiento, finanzas y marcas globales. Miss Universo, adquirido por JKN en octubre de 2022 por 20 millones de dólares, se convirtió en el activo más visible de la compañía. Hoy, ese mismo activo enfrenta incertidumbre operativa y legal.
En paralelo, Miss Universo informó este mes que inició un proceso de transición interna, del cual no se han revelado detalles. La falta de claridad alimenta especulaciones sobre cambios forzados en la propiedad, reestructuración de la marca o incluso una eventual venta, si las presiones legales continúan.
Implicaciones legales y reputacionales a escala internacional
El congelamiento de activos y la orden de arresto colocan a Jakrajutatip en una posición crítica. Si la justicia tailandesa confirma las acusaciones, el caso sentará un precedente sobre la responsabilidad penal de ejecutivos en mercados emergentes con proyección global. Además, complica cualquier intento de estabilizar financieramente a JKN.
Para Miss Universo, el golpe no es menor. El certamen depende de acuerdos comerciales, patrocinios y licencias en decenas de países. Cualquier duda sobre la legalidad o la ética de sus propietarios impacta de forma directa en su valor de marca. La coexistencia de investigaciones judiciales en Tailandia y México refuerza la percepción de fragilidad institucional.
En el corto plazo, el futuro del certamen parece atado a decisiones judiciales más que a estrategias de negocio. Mientras tanto, inversionistas y socios comerciales observan con cautela un caso que mezcla fraude financiero, bancarrota corporativa y disputas transnacionales.
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