La película Cónclave ha causado revuelo por su representación del proceso de selección del Papa, pero las similitudes con la realidad son limitadas. Dirigida por Edward Berger y protagonizada por Ralph Fiennes, la cinta dramatiza los intrincados detalles de un cónclave para elegir al sucesor del Papa Francisco, pero no todo lo que muestra refleja fielmente el proceso real.
El filme, que se estrenó en 2024 y se reestrenó tras la muerte del Papa Francisco, ha aumentado su popularidad, particularmente en servicios de streaming como Prime Video. Con una trama que mezcla misterio y suspenso, Cónclave ha sido alabada por su guion, lo que le valió el premio Oscar en 2025. Sin embargo, detrás de la fascinante ficción, existen varias diferencias clave con el proceso auténtico.
El cónclave real: sin campañas ni espionaje
Una de las diferencias más marcadas es la representación de los cardenales haciendo campaña, algo que está absolutamente prohibido. Según la constitución apostólica Universi Dominici Gregis de 1996, los cardenales no pueden discutir sus preferencias ni hacer campaña por un candidato, ya que esto sería considerado un acto de desobediencia grave, con consecuencias serias como la excomunión. En la película, los cardenales hacen precisamente esto, creando alianzas y provocando disputas internas para ganar poder. Sin embargo, en la realidad, el cónclave es un proceso cerrado, sin intervenciones externas ni negociaciones abiertas.
Otro aspecto ficticio en la película es la falta de restricciones de comunicación: el cardenal Lawrence (interpretado por Ralph Fiennes) mantiene contacto con el mundo exterior a través de una superiora con acceso a internet. En el cónclave verdadero, esto sería impensable, ya que los cardenales están aislados del mundo externo durante el proceso, sin ningún tipo de comunicación con el exterior.
El proceso de votación: detallado y riguroso
El cónclave real, al contrario de lo que se muestra en Cónclave, es un proceso sumamente estructurado. Las votaciones son estrictamente controladas y secretas. Según Universi Dominici Gregis, cada voto debe ser contado por escrutadores y los cardenales hacen un juramento de votar en secreto. El proceso puede durar varios días e involucra pausas para oración y reflexión. No es raro que las votaciones se repitan durante días hasta alcanzar una mayoría de dos tercios, un proceso que es mucho más detallado y cuidadoso que el que se ve en la película.
Personajes y facciones: ¿realidad o dramatización?
La película presenta una narrativa simplificada sobre los bandos dentro de la Iglesia: los «progresistas» y los «conservadores», lo cual no refleja la complejidad real de la situación. Aunque existen cardenales con diferentes posturas, la dinámica en el cónclave real es mucho más sutil y menos dividida en facciones claras. La política interna de la Iglesia, aunque a veces polarizada, no se reduce a la lucha entre dos fuerzas opuestas como en la ficción.
En cuanto a la figura del Papa, Cónclave muestra un candidato inesperado que asciende rápidamente al papado, un giro dramático que dista mucho de la realidad. En la historia de la Iglesia, los papas no son desconocidos; los cardenales generalmente eligen a alguien con experiencia y autoridad reconocida dentro del Vaticano. La elección de un candidato sin trayectoria sería un evento extremadamente raro.
Reflexión final
El proceso de selección papal, tal como se muestra en Cónclave, es una mezcla de ficción y realidad, pero la película no puede capturar completamente la solemnidad y el misterio del cónclave real. Mientras que el thriller proporciona un vistazo interesante a las intrigas del Vaticano, el cónclave verdadero se guía por una serie de reglas estrictas y un enfoque profundamente religioso que escapa a la dramatización cinematográfica.
Al final, solo el humo blanco será la verdadera señal de que el cónclave ha terminado y el mundo conocerá al nuevo Papa, un proceso que, aunque lleno de secretos y simbolismos, sigue siendo mucho más meticuloso y serio que cualquier trama de película.
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