Los glaciares, silenciosos centinelas del cambio climático, tienen este año un espacio protagónico en la agenda mundial. La Organización de las Naciones Unidas declaró 2025 como el Año Internacional de la Conservación de los Glaciares, una acción simbólica que intenta empujar políticas concretas para frenar su rápido retroceso.
Esta decisión surge tras un informe alarmante del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que alerta sobre la pérdida acelerada de glaciares en regiones clave como los Alpes, el Himalaya y la Patagonia. Según la ONU, millones de personas podrían enfrentar escasez de agua potable y riesgos económicos por la desaparición de estas reservas naturales de agua dulce.
El lanzamiento oficial del año temático tuvo lugar en Nueva York, donde el secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió: “Salvar los glaciares es salvar vidas”. El 21 de marzo fue designado como el primer Día Mundial de los Glaciares, y diversas actividades se están programando a lo largo del año.
En mayo, la ciudad de Dushanbé, en Tayikistán, acogerá una conferencia internacional centrada en soluciones sostenibles para las comunidades dependientes del deshielo. Se espera la participación de científicos, ambientalistas y responsables políticos de más de 50 países.
La declaratoria también tiene una dimensión educativa: escuelas de todo el mundo han sido invitadas a incluir contenidos sobre glaciología y cambio climático en sus programas. Mientras tanto, plataformas digitales y medios impulsan campañas de sensibilización con testimonios de comunidades afectadas y datos en tiempo real sobre el deshielo global.
Consecuencias locales y globales de la pérdida glaciar
La desaparición de los glaciares no solo afecta ecosistemas lejanos. En México, aunque no hay glaciares activos, el cambio climático asociado está alterando ciclos hidrológicos y provocando sequías cada vez más severas. El volcán Citlaltépetl, que alguna vez tuvo glaciares permanentes, hoy exhibe apenas manchas de hielo estacionales.
En la región andina, comunidades como las de Huaraz (Perú) viven entre la amenaza de aludes y la incertidumbre del suministro de agua. La situación no es distinta en Nepal o en partes de Chile y Argentina, donde las fuentes glaciares abastecen a ciudades enteras.
Este 2025 podría marcar un punto de inflexión. La atención mediática no basta, pero ayuda. La conservación de los glaciares requiere acuerdos climáticos ambiciosos, financiación internacional y compromiso local.
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