Un total de 149 países participa en iniciativas de recuperación de la naturaleza que abarcan 252 millones de hectáreas, pero la ONU advierte que el ritmo actual no basta para alcanzar los compromisos ambientales de 2030.
La recuperación de ecosistemas degradados avanza a una escala sin precedentes, aunque el progreso todavía está lejos de las metas internacionales. Un nuevo informe de Naciones Unidas contabiliza 252 millones de hectáreas bajo procesos de restauración en 149 países, una superficie comparable con la extensión territorial de Argentina o Argelia.
El documento, titulado Nature’s Comeback: Scaling Ecosystem Restoration for People and Planet, fue presentado el 29 de octubre durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad, conocida como COP17, que se celebra en Armenia. El estudio fue elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica.
Aunque las cifras representan el mayor esfuerzo mundial de restauración documentado hasta ahora, los organismos advierten que los países deben acelerar las acciones para cumplir sus compromisos. La meta internacional contempla restaurar alrededor de mil millones de hectáreas de ecosistemas degradados para 2030.
El desafío no consiste únicamente en ampliar la superficie intervenida. También requiere asegurar que los proyectos produzcan una recuperación duradera de los hábitats, protejan la biodiversidad y beneficien a las comunidades que dependen de los recursos naturales.
Los ecosistemas terrestres concentran la mayor parte de los avances
La mayor proporción de las acciones se concentra en tierra firme. De acuerdo con el informe, alrededor de 232 millones de hectáreas corresponden a ecosistemas terrestres, mientras que los programas de recuperación abarcan 11 millones de hectáreas de aguas continentales y 5.7 millones de hectáreas de zonas marinas y costeras.
La diferencia evidencia uno de los principales pendientes de la estrategia internacional: los ecosistemas acuáticos continúan rezagados, pese a que enfrentan una degradación acelerada.
Los humedales, ríos, lagos, manglares, arrecifes y otros ambientes acuáticos cumplen funciones esenciales para conservar la biodiversidad, mantener la disponibilidad de agua y proteger las costas frente a fenómenos naturales. Por ello, el informe plantea que la recuperación ambiental necesita una mayor atención a estos espacios.
En el ámbito terrestre, China reporta la mayor superficie en restauración, con 127.4 millones de hectáreas, seguida por iniciativas registradas en Mongolia, Kazajistán y otros países. Las diferencias entre regiones también dependen de la extensión territorial, la capacidad de seguimiento y la información que cada gobierno incorpora a los registros internacionales.
El documento advierte que las cifras disponibles para ecosistemas de agua dulce y zonas marinas podrían estar subestimadas debido a las limitaciones en el monitoreo y la presentación de información. Por tanto, los datos registrados no necesariamente reflejan la totalidad de las acciones que se desarrollan en cada país.
La financiación será decisiva para cumplir las metas
Otro de los obstáculos identificados es el financiamiento. Para ampliar los programas y acercarse a los compromisos de 2030, la inversión anual mundial en restauración tendría que aumentar de 64 mil millones a 296 mil millones de dólares.
Esto representa más de cuatro veces el financiamiento de referencia señalado en el informe. Los organismos internacionales consideran necesario fortalecer la participación del sector privado, además de mantener el respaldo público y los compromisos de los gobiernos.
La restauración también puede generar beneficios económicos. Las iniciativas documentadas han contribuido a crear más de un millón de empleos vinculados con actividades ambientales, mientras que las estimaciones contemplan la posibilidad de alcanzar hasta 32 millones de puestos de trabajo en todo el mundo para 2030.
Entre las áreas que requieren inversiones importantes figuran la agroforestería, la recuperación de bosques degradados, las turberas y los pastos marinos. Cada una demanda intervenciones específicas de acuerdo con las condiciones ecológicas y las necesidades de las comunidades.
Los especialistas sostienen que la restauración debe integrarse a las políticas de desarrollo, la gestión del agua y la producción de alimentos, en lugar de depender exclusivamente de proyectos aislados.
La recuperación de la naturaleza sigue por debajo del objetivo mundial
Los compromisos internacionales incluyen la meta de que, para 2030, al menos el 30 por ciento de los ecosistemas terrestres, de agua dulce, marinos y costeros degradados estén bajo procesos efectivos de restauración, en el marco del acuerdo mundial de biodiversidad de Kunming-Montreal.
El nuevo balance muestra avances relevantes, pero también diferencias marcadas entre tipos de ecosistemas. Mientras las acciones terrestres se acercan a una parte importante de los objetivos previstos, las iniciativas acuáticas necesitan ampliarse con mayor rapidez.
La ONU también destaca que recuperar zonas naturales puede contribuir a reducir los impactos del cambio climático y frenar la pérdida de especies. Investigaciones citadas en el informe estiman que restaurar el 15 por ciento de las áreas prioritarias del planeta podría ayudar a almacenar emisiones equivalentes al 30 por ciento del dióxido de carbono acumulado desde la Revolución Industrial y evitar hasta el 60 por ciento de las extinciones de especies previstas.
Sin embargo, esos beneficios dependen de intervenciones bien planificadas y sostenidas en el tiempo. Los gobiernos deberán reforzar el financiamiento, mejorar el seguimiento de resultados e involucrar a las comunidades locales y los pueblos indígenas para que la recuperación ambiental se mantenga más allá de 2030.
El informe plantea así un doble desafío: conservar los avances alcanzados y multiplicar los esfuerzos en los ecosistemas que siguen perdiendo biodiversidad. La superficie que ya se encuentra bajo restauración marca un récord, pero el cumplimiento de las metas mundiales dependerá de la velocidad y la continuidad de las acciones durante los próximos cuatro años.
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