La jaguar murió a los 20 años en el ZooMAT de Tuxtla Gutiérrez tras un deterioro asociado con su edad y condición geriátrica.
Gaby murió a los 20 años en el lugar donde nació y pasó prácticamente toda su vida. La jaguar, uno de los ejemplares que formaron parte de la historia reciente del Zoológico Regional Miguel Álvarez del Toro (ZooMAT), en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, falleció luego de varias semanas con un estado de salud delicado.
Su muerte ocurrió después de que el personal veterinario detectara que su evolución ya no era favorable. Durante sus últimos días recibió atención especializada y permaneció bajo vigilancia de los médicos veterinarios y cuidadores que estuvieron a su cargo durante años.
El ZooMAT informó que el deterioro de Gaby estaba relacionado con su edad y condición geriátrica. Por ello, aunque el pronóstico se volvió desfavorable, el equipo mantuvo los cuidados necesarios para preservar su bienestar y calidad de vida.
La institución había informado el pasado 20 de agosto que la jaguar atravesaba una etapa delicada. En ese momento, explicó que, pese al tratamiento y la atención permanente, había dejado de responder favorablemente.
Finalmente, Gaby murió después de dos décadas bajo cuidado del zoológico.
Gaby nació y creció en el ZooMAT
La historia de Gaby tiene una particularidad que la distingue de otros ejemplares que han pasado por el recinto: nació y creció en las instalaciones del ZooMAT.
Durante 20 años, su vida estuvo ligada al espacio que se convirtió en su hogar. Ahí recibió atención veterinaria, fue acompañada por sus cuidadores y también tuvo descendencia.
Gaby fue madre de tres ejemplares, que ahora forman parte de la continuidad de su historia dentro de la institución.
Ese aspecto adquiere un significado especial tras su muerte. La jaguar no solo formó parte de la población animal bajo cuidado del ZooMAT, sino que dejó descendencia que permite mantener viva parte de su presencia en el recinto.
Además, su historia estuvo marcada por los vínculos que estableció con otros ejemplares. Entre ellos estuvo Amikú, otro jaguar del zoológico con quien compartió aproximadamente una década.
La institución destacó que ambos fueron compañeros durante diez años, una etapa que formó parte de los últimos años de vida de Gaby.
Así, su muerte representa también la pérdida de la compañera que Amikú tuvo durante una parte importante de su vida.
Sus últimos días estuvieron bajo atención especializada
El estado de salud de Gaby comenzó a generar preocupación en el ZooMAT durante agosto. El 20 de ese mes, la institución informó que atravesaba una etapa delicada y que las posibilidades de recuperación eran cada vez más limitadas.
El personal continuó con el tratamiento y los cuidados especializados. Sin embargo, la respuesta de la jaguar dejó de ser favorable.
En estos casos, la atención de ejemplares geriátricos requiere seguimiento constante. El objetivo deja de estar centrado únicamente en la recuperación y pasa también por mantener las mejores condiciones posibles de bienestar.
Eso fue lo que ocurrió durante los últimos días de Gaby. Los médicos veterinarios y cuidadores permanecieron cerca de ella hasta el final.
El ZooMAT señaló que la prioridad fue mantener su calidad de vida ante un pronóstico que ya era desfavorable.
Finalmente, la jaguar murió a los 20 años.
Su fallecimiento fue recibido con mensajes de despedida por personas que siguieron las actualizaciones sobre su estado de salud durante las últimas semanas. El zoológico agradeció las muestras de interés y afecto hacia Gaby.
Una historia que permanece en sus tres ejemplares
La vida de Gaby también quedó vinculada con el trabajo de conservación que desarrolla el ZooMAT.
La institución tiene entre sus objetivos el cuidado de especies silvestres bajo condiciones controladas, además de la generación de conocimiento y la sensibilización sobre la fauna.
En ese contexto, la presencia de Gaby durante dos décadas formó parte de esa labor.
Su historia comenzó en el propio zoológico y terminó en el mismo lugar. Entre ambos momentos transcurrieron 20 años, durante los cuales la jaguar creció, llegó a la edad adulta, tuvo tres ejemplares y compartió parte de su vida con Amikú.
Ahora serán sus descendientes quienes mantengan parte de ese legado.
La muerte de un ejemplar de esa edad también muestra una realidad distinta a la imagen habitual de los grandes felinos. El cuidado de animales silvestres bajo manejo humano implica acompañarlos durante distintas etapas de su vida, incluida la vejez.
En el caso de Gaby, el ZooMAT hizo público ese proceso durante sus últimas semanas. La institución informó sobre su deterioro y mantuvo los cuidados mientras su condición lo permitió.
Después de dos décadas, la historia de Gaby terminó en el lugar donde comenzó.
Quedan sus tres ejemplares, los recuerdos de quienes estuvieron a su cuidado y la huella que dejó durante 20 años en el ZooMAT y en quienes siguieron su historia.
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