En la víspera de la cumbre de la coalición de voluntarios en París, el presidente francés Emmanuel Macron lanzó un mensaje claro a Moscú: “Rusia no tendrá derecho a opinar sobre el apoyo que estamos brindando y brindaremos a Ucrania, ni establecerá las condiciones”. La declaración fue un rechazo rotundo a las exigencias del presidente ruso, Vladímir Putin, quien ha condicionado un posible alto el fuego en el Mar Negro a una serie de demandas, entre ellas la reconexión de bancos rusos al sistema financiero internacional.
Exigencias de Moscú y el papel de Estados Unidos
El Kremlin presiona para que Estados Unidos facilite el levantamiento de sanciones económicas impuestas tras la invasión de Ucrania en 2022, y que incluyen la desconexión de importantes entidades bancarias rusas —como Sberbank y Gazprombank— del sistema SWIFT, clave para transacciones internacionales. Sin este sistema, Rusia enfrenta severas limitaciones para comerciar, acceder a divisas y movilizar activos.
Entre las condiciones destacadas por Moscú está la reconexión del Rosselkhozbank (Banco Agrícola Ruso), supuestamente para facilitar exportaciones agrícolas y de fertilizantes. Sin embargo, analistas advierten que esta exigencia encubre otros intereses, ya que al autorizar el funcionamiento pleno de un banco se habilitan todo tipo de operaciones, más allá del sector agroalimentario.
Europa, firme en su postura
La Unión Europea ha rechazado flexibilizar su régimen de sanciones mientras no se cumplan condiciones esenciales, como la retirada total e incondicional de las tropas rusas del territorio ucraniano. La portavoz de Asuntos Exteriores y Seguridad de la UE, Anitta Hipper, reafirmó que “la experiencia ha demostrado que Rusia debe ser juzgada por sus acciones, no por sus palabras”.
El presidente del Consejo Europeo, António Costa, respaldó esta posición al pedir que se mantenga la presión económica sobre el Kremlin. Las sanciones individuales y sectoriales —renovadas recientemente por seis meses— deberán ser ratificadas por unanimidad cada semestre, lo que complica cualquier intento de Moscú por condicionar la paz a su levantamiento.
Por su parte, el expresidente y ahora mandatario electo Donald Trump ha mostrado interés en cerrar la guerra lo antes posible. Según reportes del Wall Street Journal, su administración estaría dispuesta a considerar la demanda rusa de reconexión bancaria como parte de un acuerdo de alto al fuego. Sin embargo, cualquier medida en ese sentido requeriría el aval de Bruselas, donde se encuentra la sede de SWIFT, sujeta a la legislación comunitaria.
El secretario de Estado, Marco Rubio, ya anticipó que la UE jugará un papel clave en las decisiones futuras sobre las sanciones y el destino de los activos rusos congelados, cuyo valor asciende a 210 millones de euros. Algunos miembros del bloque han propuesto destinar esos recursos a la ayuda militar para Ucrania, aunque la Comisión Europea sostiene que aún es “prematuro” tomar esa decisión.
Putin propone una «administración transicional»
En un movimiento que ha sido interpretado por Kiev como una maniobra para legitimar una ocupación parcial, Putin propuso la creación de una “administración transicional” en Ucrania bajo auspicio de la ONU, como paso previo a unas elecciones y una negociación de paz. La referencia al modelo de Timor Oriental fue recibida con escepticismo por Occidente, que insiste en la soberanía ucraniana y la integridad territorial como condiciones innegociables.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, se mostró satisfecho con los resultados de la cumbre en París, donde se designó a Francia y Reino Unido como representantes europeos en futuras negociaciones con Rusia. Zelensky insistió en que no habrá acuerdo posible sin presencia europea en la mesa, y reiteró el rechazo a cualquier fórmula que legitime la agresión rusa o limite la capacidad defensiva de Ucrania.
En conclusión, el panorama diplomático sigue siendo incierto. Mientras Rusia busca usar el alto al fuego como palanca para aliviar sanciones, Europa se mantiene firme en sus condiciones. Con Estados Unidos jugando un rol ambivalente, la presión internacional parece estar lejos de encontrar un equilibrio que conduzca a una solución pacífica duradera.
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