En un acto sin precedentes que resalta el valor institucional y democrático de Uruguay, el presidente Yamandú Orsi (Frente Amplio) encabezó este jueves una jornada cargada de simbolismo al reunirse con los expresidentes Julio María Sanguinetti (Partido Colorado), Luis Alberto Lacalle Herrera (Partido Nacional) y José Mujica (Frente Amplio) en la sede del Partido Colorado. El motivo: conmemorar los 40 años de la restauración democrática, una efeméride que marca el fin de la dictadura militar y el inicio de una etapa de libertades y estabilidad institucional.
La imagen de estos líderes históricos juntos fue calificada como una «rareza en el mundo» por el secretario general del Partido Colorado, Andrés Ojeda, quien destacó que esta clase de gestos son la envidia de democracias más grandes y poderosas. “Esta foto es única”, afirmó.
A la cita también acudieron familiares de los exmandatarios ya fallecidos: la esposa del expresidente Jorge Batlle y un hijo de Tabaré Vázquez. El único ausente fue el expresidente Luis Lacalle Pou, quien se encontraba de viaje, pero envió un mensaje en video donde destacó el valor simbólico de la imagen. “Cotiza en bolsa esa foto de los expresidentes con el presidente actual. Tiene un valor sustentado en la confianza y en un país que puede discutir sin que la sangre llegue al río”.

Emociones, reflexiones y tensiones
Julio María Sanguinetti, quien asumió el 1 de marzo de 1985 cuando terminó oficialmente la dictadura, recordó la jornada como una mezcla de emociones y preocupaciones. “Sabíamos que el 60% del sistema bancario estaba fundido. Temíamos una corrida bancaria que lo tirara todo abajo”, señaló.
Por su parte, Luis Alberto Lacalle Herrera rememoró los desafíos del nuevo gobierno democrático. “A los presidentes los aplauden el primer día, pero al día siguiente ya hablan de un gobierno de miércoles”, bromeó, al tiempo que elogió a Sanguinetti por haber asumido el mando con una maquinaria estatal aún por reconstruir.
La intervención más emotiva fue la de José Mujica, quien llegó en silla de ruedas junto a su esposa, Lucía Topolansky, debido a su lucha contra el cáncer. “No me preocupa tanto el ayer… Me preocupa el mundo que se nos viene encima, y al cual yo ya no voy a estar, por razones obvias”, dijo. Llamó a la unidad del país y advirtió sobre los desafíos de una sociedad cada vez más envejecida. “Somos apenas tres millones de orientales. No podemos darnos el lujo de desparramarnos a pedazos”, sentenció.
Sin embargo, no todo fue armonía. Durante la intervención de Mujica, una mujer del público interrumpió el acto para reclamar por lo que calificó como “presos políticos” entre los militares detenidos por crímenes cometidos durante la dictadura. La situación generó tensión en el auditorio, hasta que Sanguinetti la calmó: “Señora, este es un acto solemne. Le ruego buenamente que no actúe con esa intolerancia”.
El valor de la palabra y la libertad
En su mensaje, el presidente Yamandú Orsi reivindicó el espíritu de libertad que se recuperó en la década de los 80, y se definió como un “hijo político” de aquel envión democrático. “Lo que más admiré era que se podía decir lo que uno quisiera”, recordó, subrayando la importancia de proteger la democracia, no solo desde lo institucional, sino también desde la convivencia y el respeto a la diversidad de opiniones.
A 40 años del regreso a la democracia, Uruguay reafirma con hechos su reputación de solidez institucional, respeto a los derechos humanos y madurez política. El evento, más allá de su carga simbólica, funcionó como un recordatorio de que la democracia no solo se hereda: se construye y se defiende cada día. En tiempos de polarización global, la imagen de sus líderes políticos unidos, incluso desde visiones diferentes, es un mensaje potente que trasciende fronteras.
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