El aseguramiento de más de 18 millones de litros de combustible robado en Baja California y Tamaulipas destapó una realidad que las autoridades ya venían investigando desde hace años: la incursión del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en el negocio del huachicol.
Desde 2019, el gobierno federal identificó operaciones ligadas al CJNG mediante supuestas importaciones de combustible a través de buques. Los recientes decomisos involucran directamente a Mefra Fletes, una empresa con presencia en Nuevo León y Jalisco, señalada por operar pipas y patios industriales cercanos a la refinería de Cadereyta. Según investigaciones federales, esta compañía forma parte de una red de al menos 15 empresas fantasma y factureras que lavan combustible ilegal para la organización criminal.
La estructura financiera y logística del CJNG para el huachicol
De acuerdo con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, el CJNG genera «decenas de millones de dólares» con la venta de combustible robado, convirtiéndolo en su actividad más lucrativa fuera del tráfico de drogas. El informe de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) indica que estas ganancias se utilizan para financiar el tráfico de fentanilo y otras drogas hacia Estados Unidos.
La red funciona con una logística precisa: el combustible se almacena en Veracruz y posteriormente se distribuye a gasolineras minoristas o intermediarios que lo revenden en Texas y Centroamérica. Las instalaciones utilizadas por Mefra Fletes en Nuevo León se encuentran bajo resguardo de la Guardia Nacional, lo que confirma el foco de atención que tienen las autoridades sobre la empresa.
En septiembre de 2024, la OFAC sancionó a 26 empresas y 9 personas mexicanas vinculadas con el CJNG. Entre los nombres destacan Iván Cazarín Molina, alias «El Tanque», quien desde prisión coordina las operaciones de huachicol en Jalisco y Veracruz, y su hermano César, conocido como «Tornado». A ellos se suman Alonso y Javier Guerrero Covarrubias, ahijados de Nemesio Oseguera «El Mencho», acusados de participar también en el tráfico de armas y lavado de dinero.
Con estos movimientos, el CJNG ha expandido su poder más allá del narco, apostando por un mercado ilegal de combustibles que le garantiza flujo constante de ingresos y menor exposición que el tráfico de drogas. Sin embargo, los recientes decomisos podrían marcar un punto de inflexión en la lucha contra su estructura financiera.
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