En medio de una sequía cada vez más severa y crecientes tensiones diplomáticas, México enfrenta un nuevo desafío relacionado con el cumplimiento del Tratado de Aguas de 1944, el acuerdo binacional que regula la distribución del agua entre ambos países a través de los ríos Colorado y Bravo. Expertos advierten que el escenario actual podría abrir la puerta a una eventual renegociación del pacto, aunque el gobierno mexicano ha descartado esa posibilidad.
De acuerdo con Jorge Fuentes, director de Proyectos del Consejo Consultivo del Agua, México ha entregado solo 600 millones de metros cúbicos de los 2,300 millones que debería haber aportado en el actual quinquenio (2020–2025), el cual concluye en octubre. La razón principal: la sequía extrema que afecta al norte del país y ha vaciado las presas fronterizas.
“Aunque el tratado ha beneficiado históricamente a México, la realidad es que vamos muy atrasados con la dotación que nos corresponde”, explicó Fuentes, quien propuso como medida urgente el tratamiento y reutilización de aguas residuales en estados fronterizos. No obstante, reconoció que esta solución sería de mediano plazo.
Contexto de escasez y tensiones
El Tratado de 1944 establece que México debe entregar a Estados Unidos 431.7 millones de metros cúbicos anuales del Río Bravo, mientras que Estados Unidos debe proporcionar a México 1,850 millones de metros cúbicos del Río Colorado. No obstante, el acuerdo prevé que, en caso de sequía, los volúmenes no entregados pueden ser compensados en el siguiente quinquenio. A la fecha, México acumula un déficit significativo, mientras que Estados Unidos también ha incumplido con sus entregas plenas en los últimos cinco años.
Pese a las condiciones extraordinarias, el presidente estadounidense Donald Trump ha endurecido su discurso, acusando públicamente a México de «robar agua» a los agricultores de Texas y amenazando con imponer aranceles si no se cumple con el tratado.
La tensión ha sido impulsada, en parte, por intereses políticos internos en EE. UU., especialmente por figuras republicanas como el gobernador Greg Abbott y el senador Ted Cruz, quienes han presionado a Washington para exigir el cumplimiento inmediato del tratado por parte de México.
Respuesta del Gobierno de México
Durante una conferencia reciente, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo rechazó tajantemente renegociar el tratado, asegurando que es técnicamente justo y que Estados Unidos entrega más agua de la que México proporciona.
“Entrega más Estados Unidos porque así es la cantidad de agua que hay en cada lugar, no es un asunto político, está técnicamente establecido”, subrayó Sheinbaum.
En paralelo, el secretario de Agricultura y Desarrollo Rural, Julio Berdegué, sostuvo una llamada con autoridades estadounidenses para reiterar el compromiso de México con el cumplimiento del tratado, a pesar de las condiciones climáticas extremas.
En dicha conversación, Berdegué y la secretaria de Agricultura de EE. UU., Brooke Rollins, acordaron avanzar en la coordinación técnica y ratificaron el tratado de 1944 como base del diálogo. Rollins, sin embargo, advirtió que los agricultores estadounidenses “merecen una solución”, y que las medidas deben ir más allá de compromisos diplomáticos.
Opinión académica: el problema es estructural
Para Jair Aguilar Badillo, académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, el problema de fondo no es que México se niegue a cumplir, sino que no tiene agua disponible. “El problema no es que México retenga el agua, sino que no la tiene. Esto afecta directamente a los agricultores estadounidenses, por eso las amenazas van y vienen”, explicó.
El académico considera que las presiones de Estados Unidos responden a una estrategia política y que el conflicto hídrico se ha convertido en una herramienta de negociación bilateral con fines electorales.
Si bien diversos sectores proponen revisar los términos del Tratado de 1944 para adaptarlos a la nueva realidad climática del siglo XXI, el gobierno de México ha optado por sostener el acuerdo actual, confiando en que las condiciones de reciprocidad se mantengan a largo plazo.
Por ahora, el escenario plantea un dilema: cumplir un acuerdo internacional en medio de una sequía histórica, o abrir la puerta a una renegociación que podría redefinir uno de los pilares del entendimiento binacional entre México y Estados Unidos en materia de recursos hídricos.
Con octubre como fecha límite para el cierre del quinquenio actual, y bajo la presión del gobierno de Trump, México tendrá que acelerar sus estrategias internas de captación y uso eficiente del agua, o enfrentarse a un escenario cada vez más tenso en el plano internacional.
También te puede interesar: Gobierno admite impacto ambiental del Tren Maya y promete retirar mallas en tramo 5




