Presencia del CJNG en Huajúmbaro: Pobladores «conviven» con hombres armados durante Sábado de Gloria

En una inquietante escena que revela la creciente normalización del crimen organizado en comunidades rurales de México, habitantes del poblado de Huajúmbaro, municipio de Hidalgo, fueron captados en video mientras interactuaban y celebraban con presuntos miembros del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) durante el Sábado de Gloria.

Las imágenes, difundidas en redes sociales, muestran a hombres armados con el rostro cubierto, portando rifles de asalto y chalecos tácticos con las siglas “CJNG”, mientras recorren una avenida a bordo de dos camionetas en tonos rojo y guinda. En lugar de alarma o rechazo, los pobladores los recibieron con cubetadas de agua, botellas de alcohol y música en vivo, en una escena que parece más una fiesta local que una operación de presencia armada.

Una celebración religiosa con tintes criminales

Los hechos se registraron el pasado sábado, en el marco de las celebraciones del Sábado de Gloria, una tradición de la Semana Santa que en muchos puntos del país se celebra con baños de agua en señal de purificación. Sin embargo, en esta ocasión, el evento cobró un tono perturbador al mezclarse con la presencia de un grupo criminal ampliamente identificado por su actividad violenta y su expansión territorial.

La banda local Orgullo Tarasco realizó una transmisión en vivo desde la zona, en la que, si bien no captaron directamente a los sujetos armados, sí confirmaron la presencia de festejos con música de banda y agua en la carretera San José–Huajúmbaro, frente a la parroquia San Isidro Labrador. La banda incluso publicó en redes sociales un mensaje aparentemente trivializando la situación: “Si pasan por Huajúmbaro, Mich. tengan cuidado porque hay banda, chelas y mucha agua”.

¿Base social del crimen organizado?

La convivencia entre civiles y criminales en este tipo de eventos evidencia el arraigo social que han logrado construir grupos como el CJNG en algunas zonas de Michoacán. Factores como la pobreza, la marginación, la falta de empleo formal, así como la narcocultura y la colusión de autoridades, son elementos que han facilitado la presencia y el respaldo social de organizaciones delictivas.

Este tipo de «interacciones» no solo normalizan la presencia de grupos armados, sino que refuerzan su legitimidad local mediante estrategias de control territorial, beneficios asistenciales y hasta entretenimiento. En comunidades vulnerables, la lealtad al crimen organizado puede sustituir la presencia del Estado.

Silencio oficial

Hasta el momento, las autoridades municipales de Hidalgo no han emitido ningún pronunciamiento oficial sobre los hechos. Tampoco se han reportado incidentes violentos derivados de la presencia del grupo armado. La aparente pasividad institucional frente a estos eventos refuerza la percepción de impunidad y tolerancia frente al poder fáctico del narcotráfico.

Este tipo de eventos no son aislados. En otros estados como Guerrero, Sinaloa o Tamaulipas, se han documentado situaciones similares donde organizaciones criminales participan activamente en eventos comunitarios, entregan despensas, organizan festejos o distribuyen recursos, buscando construir legitimidad social y reclutar jóvenes para sus filas.

El caso de Huajúmbaro es una muestra más de los riesgos estructurales que enfrenta México en la lucha contra el narcotráfico: no basta con la presencia militar o las detenciones; la reconstrucción del tejido social y el fortalecimiento institucional en regiones olvidadas es urgente para frenar la expansión del crimen organizado.

Mientras tanto, la línea entre tradición comunitaria y control criminal sigue difuminándose en muchas regiones del país.

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