Tras la muerte del papa Francisco el 21 de abril a los 88 años, el Vaticano se prepara para un cónclave que definirá al nuevo líder de la Iglesia católica. Entre los nombres que suenan con fuerza está el del cardenal Pietro Parolin, actual secretario de Estado del Vaticano y figura clave en las relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede.
Durante la hospitalización de Francisco por una neumonía bilateral, Parolin no sólo defendió la autoridad del pontífice, sino que también se mantuvo como una de sus voces principales en momentos de incertidumbre. Tras el fallecimiento, Parolin participó en el sellado de los apartamentos pontificios, un acto simbólico que asegura la protección de documentos y pertenencias personales del papa difunto.
Un diplomático con experiencia mexicana
Nacido el 17 de enero de 1955 en Schiavon, Italia, Pietro Parolin tiene 70 años y cumple con el requisito de edad para ser electo papa (menor de 80 años). Ingresó al seminario a los 14 años y fue ordenado sacerdote a los 25. Más tarde, se especializó en derecho canónico en la Universidad Gregoriana de Roma y se formó como diplomático del Vaticano.
Entre los destinos que marcaron su carrera está México, donde trabajó en la nunciatura apostólica y fue pieza clave en la formalización de las relaciones diplomáticas entre el país y el Vaticano. Su paso por México consolidó su perfil como experto en negociaciones delicadas y le dio un conocimiento profundo de América Latina.
Posteriormente, en la Secretaría de Estado, estuvo a cargo de las relaciones con países como España, San Marino, Andorra e Italia. De 2002 a 2009, como subsecretario para las relaciones con los Estados, manejó los complicados vínculos diplomáticos con Vietnam, China, Israel y Corea del Norte.
En 2009, el papa Benedicto XVI lo envió como nuncio a Venezuela. Allí, Parolin mostró su habilidad para navegar en escenarios políticos tensos, hasta que el papa Francisco lo llamó de regreso a Roma para nombrarlo secretario de Estado en 2013.
Un favorito no exento de polémica
Parolin ha sido una de las figuras más influyentes durante el papado de Francisco, pero su perfil también ha generado críticas. Su papel en las negociaciones con China, que incluyeron acuerdos sobre el nombramiento de obispos, provocó acusaciones de «vender» a la Iglesia al comunismo. Sus partidarios, sin embargo, lo describen como un pragmático y un idealista que busca ante todo preservar la paz.
La comparación con Pablo VI, otro pontífice de carácter diplomático, se repite en los pasillos vaticanos. De ser elegido, Parolin representaría una continuidad en la línea de diplomacia paciente que Francisco favoreció, pero con un matiz más experimentado en la política internacional.
En un cónclave que promete tensiones entre diferentes visiones sobre el futuro de la Iglesia, Pietro Parolin llega con la ventaja de su trayectoria internacional, su vínculo con América Latina —gracias en parte a su paso por México— y su cercanía al modelo de liderazgo de Francisco.
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