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    La brecha salarial contra las mujeres en México: castigo estructural a la maternidad, la edad y el tiempo parcial

    En México, ser mujer sigue significando enfrentar un mercado laboral desigual, donde la maternidad, la edad y la jornada reducida son factores que penalizan sus ingresos, independientemente de su formación o experiencia. Así lo advierten las economistas Violeta Rodríguez del Villar y Virginia García, de la UNAM, quienes han documentado las causas estructurales detrás de la persistente brecha salarial de género, que hoy ronda el 15 %, según ONU Mujeres.

    Un trabajo que no se paga… pero sostiene la economía

    De acuerdo con datos del INEGI, las mujeres mexicanas dedican 42.8 horas semanales a labores no remuneradas, como cuidados y tareas domésticas, mientras los hombres apenas 16.9. Esta carga invisible, no reconocida ni remunerada, representa el 26.3 % del PIB nacional, es decir, 8.4 billones de pesos, y el 71.5 % de ese trabajo lo realizan mujeres.

    “El problema no es individual, sino estructural”, advierte Virginia García. “El hogar y el mercado laboral están organizados bajo un sistema que penaliza el tiempo que ellas dedican al cuidado y favorece su exclusión de empleos bien pagados”.

    La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo y la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2024 muestran que las mujeres trabajan más horas en total, si se suman trabajo remunerado y no remunerado, pero reciben menos ingresos.

    Jornada flexible, salario reducido

    El estudio más reciente de Rodríguez del Villar —próximo a publicarse— revela que la flexibilidad laboral, lejos de cerrar la brecha, la profundiza: las mujeres están sobrerrepresentadas en empleos con jornadas reducidas o irregulares, lo que significa hasta 45.7 % menos salario.

    Además, el análisis de 127 mil casos demuestra que las mujeres ganan 11.9 % menos por hora trabajada, incluso con la misma educación y experiencia que los hombres. El modelo estadístico Blinder-Oaxaca revela que gran parte de esta diferencia no se debe a factores observables, sino a discriminación de género.

    “De cada 100 horas que trabajan, las mujeres dedican 63.7 a tareas domésticas y de cuidados, mientras que los hombres solo 27.9. Esta es la raíz del problema”, señala García.

    Edad, maternidad y estado civil: triple penalización

    El estudio también muestra que a partir de los 39 años, la empleabilidad de las mujeres cae drásticamente, mientras los hombres mantienen altos niveles de ocupación hasta el retiro. La discriminación es mayor en mujeres casadas o con hijos, por estereotipos que las asocian con menor productividad o mayor ausentismo, sin pruebas.

    En contraste, el 99 % de los hombres tiene probabilidades de estar empleado, frente a solo el 70 % de las mujeres, lo que implica que la mitad de las mujeres mexicanas nunca alcanzará independencia económica, advierte Rodríguez del Villar.

    ¿Qué hacer para cerrar la brecha?

    La Ley Federal del Trabajo establece que a trabajo igual, salario igual, pero la práctica dista de ese ideal. De acuerdo con el IMCO, los hombres ganan 11,490 pesos mensuales, mientras que las mujeres perciben 9,825 pesos; para igualar sus ingresos, ellas deben trabajar 61 días adicionales al año.

    Las economistas coinciden en que sin redistribución del trabajo no remunerado y políticas públicas específicas, cerrar la brecha será imposible. Entre sus propuestas destacan:

    • Mayor acceso femenino a la educación media y técnica.
    • Guarderías y centros de cuidados ampliados también para personas mayores o con discapacidad.
    • Programas de capacitación laboral para mujeres casadas o con hijos.
    • Campañas para educar a empleadores sobre igualdad salarial y erradicación de estereotipos.
    • Reconocimiento del trabajo doméstico en el diseño de políticas sociales y económicas.

    “La brecha salarial no es sólo una diferencia de ingresos, es la expresión de un sistema que niega a las mujeres su derecho a la autonomía económica”, concluye Violeta Rodríguez. “Mientras no se cambien las reglas del juego laboral y doméstico, la igualdad será solo un discurso”.

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