Erasmo Antonio Moena Pinto, conocido por la prensa como el “Psicópata de Placilla”, protagonizó uno de los episodios más perturbadores de la crónica policial chilena al asesinar a dos mujeres en un lapso de seis horas el 6 de abril de 2010 en la región de Valparaíso. Pero su historia delictiva se remonta mucho antes, marcada por violaciones, robos, tráfico de drogas y un homicidio confesado cuya víctima jamás fue encontrada.
Un pasado criminal previo a los asesinatos de 2010
Moena, nacido en 1970 en Tomé, mostró desde su juventud una conducta marcada por excesos y violencia, a pesar de provenir de un entorno sin antecedentes de maltrato. Expulsado del colegio a los 14 años y vinculado al tráfico de material pornográfico en la universidad, su historial delictivo comenzó con un asalto a los 20 años y evolucionó hacia crímenes más graves.
En 1991, en la comuna de Coelemu, confesó haber asesinado y descuartizado al peluquero Marco Antonio Cortés, a quien posteriormente incineró y arrojó al río Itata con ayuda de dos testigos. Aunque Moena detalló el crimen con macabro realismo, nunca fue condenado, ya que el cuerpo nunca fue hallado.
Violaciones, engaños y doble asesinato
Tras pasar 18 años en prisión por delitos diversos, Moena recuperó su libertad en marzo de 2010. Solo días después, intentó violar a una menor y perpetró otras dos agresiones sexuales. Al ser buscado por la policía, se trasladó a Valparaíso, donde ideó un método para atraer víctimas: publicó un aviso de trabajo falso como secretaria con buena paga.
El 6 de abril de 2010, Loreto López, de 39 años, respondió al anuncio y fue llevada con engaños a un paraje en Placilla, donde fue violada, estrangulada y abandonada bajo ramas. Horas más tarde, Moena asesinó a Andrea Quappe Pinto, amiga de Loreto, quien indagaba por su paradero. La atrajo a otro sitio boscoso y le destrozó el cráneo con una piedra.
Dos días después, fue detenido mediante una operación encubierta con la prima de una víctima como señuelo. Al ser arrestado, Moena portaba prendas íntimas de las mujeres asesinadas, cinco automóviles (dos de ellos pertenecientes a las víctimas), una pistola y otros objetos incriminatorios.
Frialdad, narcisismo y ausencia de arrepentimiento
En una entrevista televisiva desde la cárcel, Moena impactó a la opinión pública con declaraciones como: “En el arrepentimiento no creo. Si uno se arrepintiera, no hace maldades” o “La rehabilitación para mí no existe”. Se autodefinió como alguien “peor que Hannibal Lecter” y mostró cero remordimiento por sus actos.
Diagnosticado por el Servicio Médico Legal con trastorno narcisista, sádico y antisocial, fue condenado a 61 años de presidio perpetuo, sin posibilidad de beneficios hasta 2071.
El caso del “Psicópata de Placilla” dejó una huella indeleble en Chile. A través de declaraciones que alternan lo existencial con lo perturbador, Moena consolidó su imagen como uno de los criminales más siniestros del país.
“Hice lo que he hecho toda mi vida: deshacerme de lo que me estorba”, dijo alguna vez con total frialdad. Y aunque hoy permanece recluido en la cárcel de Valparaíso, su historia continúa siendo recordada como un caso paradigmático de violencia, manipulación y brutalidad sin límites.
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