No elegirán al próximo pontífice, pero su presencia en Roma no es casual. Cerca de 900 superioras de órdenes religiosas femeninas llegaron al Vaticano esta semana con un objetivo claro: mantener viva la llama de renovación que promovió el papa Francisco y exigir un papel más relevante para las mujeres dentro de la Iglesia Católica.
Reunidas a pocos kilómetros del cónclave que elegirá al sucesor de Francisco, las hermanas católicas se congregaron en la Asamblea Plenaria de la Unión Internacional de Superioras Generales. Desde ahí, lanzaron un mensaje claro: no tienen voz en la votación, pero sí tienen algo que decir.
La hermana Mary Barron, presidenta del organismo, instó a las más de 650 mil monjas en el mundo a mantenerse vigilantes. “Debemos hacer nuestra parte para mantener viva esa llama de renovación”, afirmó, animando a orar por una elección que continúe la apertura iniciada por Francisco.
El actual sistema de elección excluye totalmente a las mujeres. Sólo los cardenales varones participan del cónclave. No obstante, el ambiente entre las religiosas no es de resignación, sino de expectativa. El nombramiento de figuras como la hermana Nathalie Becquart —primera subsecretaria del Sínodo de los Obispos— y de sor Raffaella Petrini —secretaria general del Estado Vaticano— han marcado un precedente que muchas esperan ver consolidado.
Un clamor global por más espacios femeninos en la Iglesia
Religiosas de todo el mundo coincidieron en la necesidad de mantener el impulso reformador. Desde Zambia, la hermana Delphine Kalisha dijo que espera que el nuevo papa promueva a más mujeres en puestos de liderazgo. “Eso nos ha dado esperanza”, afirmó. Lo mismo expresó la hermana Graciela Trivilino de Argentina, quien trabaja con personas con adicciones: “El objetivo es llevar el Evangelio a los hechos concretos de la vida cotidiana”.
La asamblea no fue sólo espiritual. Los temas tratados incluyeron asuntos tan terrenales como la guerra, la migración, la trata de personas, el cambio climático y la desigualdad. La hermana Barron citó incluso a poetas como Emily Dickinson y Maya Angelou para invitar a soñar un futuro que refleje el amor ilimitado de Dios.
Aunque la Iglesia sigue reservando el sacerdocio a los hombres, el papel social de las mujeres religiosas es innegable. Algunas órdenes se dedican a la educación y la salud, mientras que las contemplativas contribuyen con oración y trabajos artesanales. En Camerún, por ejemplo, la hermana Theodosia Baki lidera programas educativos para niñas y atención a refugiados.
Pese a las restricciones, el mensaje fue unánime: las mujeres son imprescindibles. “Incluso nuestra simple presencia es un testimonio valioso”, dijo Baki. La disminución de vocaciones preocupa, incluso en África, donde el catolicismo es fuerte. Pero el espíritu sigue vivo.
Barron cerró la jornada reconociendo los obstáculos —como la obtención de visas para misiones—, pero con esperanza: “En este momento, hay muchas oportunidades para que la vida consagrada marque una diferencia”.
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