El iceberg A-23A, considerado actualmente el más grande del mundo, continúa deteriorándose tras meses varado en aguas poco profundas cerca de la isla Georgia del Sur, en el Océano Atlántico Sur. Nuevas imágenes captadas por el satélite Aqua de la NASA, mediante su espectrorradiómetro MODIS, revelan que el gigantesco bloque de hielo ha comenzado a perder partes de su borde, erosionado por el oleaje y el aumento de las temperaturas.
Desgaste progresivo y desprendimiento de fragmentos
Desde principios de marzo de 2025, el A-23A ha permanecido prácticamente inmóvil, posiblemente encallado en una plataforma submarina poco profunda al norte de Georgia del Sur, una zona conocida por frenar el avance de icebergs antárticos hacia aguas más cálidas. Sin embargo, a pesar de su aparente estabilidad, el iceberg ha perdido más de 360 kilómetros cuadrados de superficie en apenas dos meses, lo que equivale al doble del tamaño de Washington D.C., según el Centro Nacional de Hielo de Estados Unidos (USNIC).
Las imágenes satelitales muestran miles de fragmentos de hielo dispersos en el océano circundante. Aunque parecen pequeños desde el espacio, muchos superan un kilómetro de diámetro y representan riesgos potenciales para la navegación. Uno de estos fragmentos, bautizado como A-23C, se desprendió del flanco sur del iceberg a mediados de abril y ha sido oficialmente reconocido por el USNIC.

Señales de fragilidad creciente
Los científicos advierten que el iceberg muestra signos crecientes de fragilidad. Una gran franja de restos a lo largo de su lado norte sugiere un fenómeno conocido como “desgaste del borde”, un tipo de desprendimiento en el que múltiples pequeños fragmentos de hielo se desprenden simultáneamente sin alterar la forma general del iceberg. Este proceso ha sido impulsado por varios días consecutivos de clima soleado y temperaturas anómalas, poco comunes a los 55 grados de latitud sur, donde A-23A se encuentra actualmente.
Este fenómeno representa una fase crítica en la vida del iceberg, que se desprendió de la plataforma de hielo Filchner en 1986 y había permanecido relativamente intacto gracias a las frías aguas antárticas. Ahora, expuesto a temperaturas más altas, enfrenta una descomposición acelerada.
Un destino compartido
Más del 90 % de los icebergs antárticos siguen una trayectoria común: son arrastrados por la corriente del Giro de Weddell, avanzan por la costa de la Península Antártica, cruzan el Pasaje de Drake y, al llegar a las aguas más cálidas del Atlántico Sur, terminan por derretirse completamente.
Aunque el destino del A-23A no está del todo definido, su progresiva desintegración sugiere que su ciclo está cerca de concluir, como el de tantos otros gigantes polares que desaparecen silenciosamente en el océano.
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