La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, lanzó una advertencia directa a Estados Unidos: «no se puede espiar contra un aliado». Sus declaraciones llegan tras revelaciones de que el gobierno del presidente Donald Trump habría intensificado su vigilancia sobre Groenlandia, una isla estratégica bajo soberanía danesa.
El diario Wall Street Journal reveló que altos funcionarios de inteligencia estadounidenses, bajo órdenes de la directora nacional Tulsi Gabbard, estarían recabando información sobre el movimiento independentista de Groenlandia y sobre la percepción local respecto a la extracción de minerales por parte de empresas de EE. UU.
La controversia llevó a Dinamarca a convocar a la jefa interina de la embajada estadounidense en Copenhague, Jennifer Hall Godfrey, para exigir una explicación. Aunque la diplomática se reunió con el canciller danés Jeppe Tranholm-Mikkelsen, no se ofrecieron detalles públicos del encuentro. La embajada optó por no comentar sobre el caso.
Una disputa geopolítica que no se enfría
El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, calificó de inaceptable e irrespetuoso el supuesto espionaje. Groenlandia, rica en recursos naturales, ha sido objeto de interés para Trump desde su primer mandato, cuando intentó comprar la isla y recibió una negativa categórica de Dinamarca. Desde entonces, la tensión no ha disminuido.
Según fuentes del Journal, no identificadas por seguridad, la intención de Washington sería obtener ventaja económica y estratégica en el Ártico, una zona que ha cobrado relevancia por su potencial minero y su valor geopolítico frente al avance ruso y chino en la región.
Mette Frederiksen, aunque calificó el artículo del Journal como «rumores», reiteró que el Ártico no es tierra de nadie: «La cooperación sobre defensa y seguridad en el norte de Europa es cada vez más importante. No se puede espiar a un aliado».
El presidente Trump no ha ocultado su deseo de anexar Groenlandia. En 2019, propuso formalmente su compra, y ahora, en su segundo mandato, ha intensificado su retórica, incluso sugiriendo que podría tomar la isla por la fuerza si fuera necesario. Las autoridades danesas y groenlandesas han reiterado que la isla «no está en venta».
La soberanía se aplica
En paralelo, el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, se sumó a la defensa de la soberanía ártica: «Quienes creen que hay un régimen legal distinto en el Ártico están equivocados. Groenlandia es parte del Reino de Dinamarca y la soberanía se aplica».
La oficina de Gabbard, por su parte, desvió el foco con una reacción agresiva: denunció filtraciones en la comunidad de inteligencia y acusó al Journal de colaborar con «el estado profundo» para dañar la presidencia. «Quienes filtren información clasificada serán encontrados y llevados ante la justicia», advirtió.
A medida que crece la tensión en el Ártico, Europa parece cerrar filas contra la ambición de Trump. Groenlandia, con apenas 56 mil habitantes, se ha convertido en un tablero clave del ajedrez geopolítico global.
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