China levantó una prohibición temporal que impedía a sus aerolíneas recibir aviones de Boeing, tras una tregua comercial con el presidente Donald Trump. Este giro podría darle un impulso crucial a la compañía estadounidense, que enfrentaba presiones por la pérdida del mercado chino, uno de los más importantes a nivel global.
La decisión llega después de un acuerdo en el que ambos países acordaron reducir drásticamente sus aranceles. EE. UU. bajó del 145 % al 30 % sus tarifas sobre importaciones chinas durante 90 días. En respuesta, China redujo los aranceles sobre productos estadounidenses del 125 % al 10 % y eliminó otras medidas aplicadas desde abril.
Fuentes cercanas al tema, que hablaron bajo condición de anonimato, informaron que las aerolíneas chinas ya tienen autorización para reanudar la recepción de aviones fabricados en Estados Unidos. Beijing dejó en manos de cada empresa la organización de los envíos, sin imponer un calendario rígido.
El portavoz de Boeing rechazó hacer comentarios y la Administración de Aviación Civil de China tampoco respondió a las solicitudes de información. Sin embargo, este cambio representa una señal clara de distensión entre las dos potencias.
Boeing evita pérdidas millonarias y China recupera flexibilidad
Antes de este cambio, Boeing había empezado a buscar compradores alternativos para cerca de 50 aviones destinados originalmente al mercado chino. Incluso, algunos aparatos regresaron a EE. UU. tras ser rechazados. La posible reactivación de las entregas evita ese proceso costoso y le asegura ingresos inmediatos a la empresa.
El conflicto comercial estalló con los aranceles impuestos por el presidente Trump contra varios socios. China respondió con restricciones que incluyeron suspender las entregas de aviones Boeing. En paralelo, ofreció a finales de abril eliminar impuestos elevados sobre productos estadounidenses como equipos médicos, químicos industriales y aeronaves arrendadas.
Aunque las entregas podrán reanudarse, no hay claridad sobre el ritmo. Las aerolíneas chinas aún enfrentan desafíos logísticos y técnicos para incorporar los nuevos modelos. Mientras tanto, la empresa europea Airbus ha ganado terreno entre los clientes chinos.
La participación de Boeing en el comercio internacional se ha vuelto cada vez más política. Prueba de ello fue el anuncio de un acuerdo entre EE. UU. y el Reino Unido la semana pasada, que incluye la venta de 32 aviones Dreamliner a British Airways, valuados en 10 mil millones de dólares.
El mercado chino representa cerca del 20 % de la demanda global de aeronaves para las próximas dos décadas. En 2018, Boeing destinó casi una cuarta parte de su producción al país asiático. Sin embargo, no ha registrado grandes pedidos desde entonces debido a la guerra arancelaria y a sus propios escándalos.
En 2019, China fue el primer país en inmovilizar los 737 Max tras dos accidentes fatales. A esto se sumó una crisis de calidad reciente, cuando un tapón de puerta explotó en pleno vuelo en enero de 2024. Estos hechos han dañado la confianza en la compañía y empujado a varias aerolíneas hacia opciones más confiables.
Boeing ahora enfrenta el reto de recuperar terreno perdido mientras el reloj de la tregua arancelaria avanza. Si no se logra un acuerdo firme en los próximos tres meses, este respiro podría ser solo temporal.
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