En una de las zonas urbanas más afectadas por la falta de áreas verdes, el municipio de Nezahualcóyotl inauguró su primer «bosque de bolsillo» con una técnica japonesa que promete acelerar el crecimiento forestal hasta diez veces. El pequeño ecosistema, de apenas 100 metros cuadrados, fue plantado en mayo dentro de la Universidad Tecnológica de Nezahualcóyotl (UTN) como parte de un ambicioso esfuerzo contra el cambio climático urbano.
El método Miyawaki, desarrollado por el botánico japonés Akira Miyawaki, se basa en la siembra densa de especies nativas. En este caso, se plantaron 1,500 ejemplares de 36 especies del Valle de México, entre ellas encinos, ahuehuetes y salvias, todas seleccionadas para restaurar el suelo y atraer fauna polinizadora. «En solo tres años alcanzará la madurez de un bosque de décadas», afirmó Andrea Guzmán, fundadora de la organización mexicana Foresta, encargada del proyecto.
Una alianza internacional con impacto local
La iniciativa fue posible gracias a la colaboración de actores internacionales y locales. La organización británica SUGi, con experiencia en la creación de bosques urbanos en 54 ciudades del mundo, aportó recursos económicos y asesoría técnica. Desde Chile, el colectivo Symbiotica envió tres especialistas para supervisar la plantación. Además, la marca de calzado Steve Madden contribuyó con voluntarios y financiamiento.
El llamado a la acción ciudadana fue otro elemento clave. Más de 300 voluntarios, incluidos estudiantes, vecinos y organizaciones sociales, participaron en la plantación. «Hubo lista de espera. Ya planeamos nuevos bosques», dijo Guzmán. Según los organizadores, este modelo podría replicarse en otras zonas del municipio y de la Ciudad de México.
Nezahualcóyotl enfrenta condiciones críticas: cuenta con apenas 2.8 metros cuadrados de área verde por habitante, muy por debajo de los 9 m² recomendados por la Organización Mundial de la Salud. El 60% de su territorio está cubierto de concreto, lo que incrementa el fenómeno de islas de calor. En la última década, la temperatura ha subido 1.5°C y los niveles de contaminación superan hasta cuatro veces los límites seguros.
Los impulsores del proyecto afirman que el bosque funcionará como un laboratorio vivo para evaluar la reducción de temperatura, la restauración de suelos y el retorno de biodiversidad en uno de los entornos urbanos más deteriorados de México. También plantean convertirlo en el primer nodo de una «red de microclimas» que devuelva vegetación a colonias enteras.
Ya está en marcha la planificación de un segundo bosque en un terreno salino de 500 m² en Iztapalapa, Ciudad de México. Con el apoyo de comunidades locales y alianzas internacionales, se espera que este tipo de iniciativas se multipliquen como respuesta concreta ante el abandono ecológico y el calentamiento urbano.
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