El gobierno del presidente Donald Trump anunció el pasado viernes un nuevo paquete de sanciones contra Irán, en un momento clave en que ambas naciones buscan reactivar el diálogo sobre el programa nuclear de Teherán. Las medidas afectan a una decena de individuos y cerca de treinta entidades ligadas al régimen iraní, lo que añade tensión a un proceso diplomático ya frágil.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), del Departamento del Tesoro, incluyó en su lista negra a nueve iraníes y una ciudadana china, así como a empresas con sede en Emiratos Árabes Unidos y Hong Kong. Según el secretario del Tesoro, Scott Bessent, estas entidades estarían involucradas en actividades que facilitan el desarrollo nuclear iraní, eludiendo los marcos legales internacionales.
La decisión se da mientras Irán insiste en que el levantamiento de sanciones es una condición indispensable para alcanzar un nuevo acuerdo. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei, señaló que Teherán no busca desarrollar armas nucleares y que ha probado su postura con hechos. Sin embargo, el incremento en la producción de uranio enriquecido —al 60%— ha disparado las alarmas en las potencias occidentales.
Presiones cruzadas y amenazas en la arena internacional
En paralelo, fuentes diplomáticas informaron que Estados Unidos y varios países europeos analizan una resolución crítica contra Irán en el Consejo de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Esta resolución podría derivar en una remisión del caso al Consejo de Seguridad de la ONU. En respuesta, el régimen iraní advirtió sobre represalias si se aprueba cualquier medida que, a su juicio, viole sus derechos.
El canciller iraní Abbas Araqchi denunció la intención de promover dicha resolución como una provocación. Irán, según sus palabras, no tolerará acciones que considere «hostiles» en el marco de su soberanía nacional. Mientras tanto, el director general del OIEA, Rafael Grossi, declaró que aunque Irán no posee actualmente un arma nuclear, cuenta con el material suficiente para fabricar una.
Advirtió también que el fracaso de las negociaciones podría llevar a una intervención militar, posibilidad que tanto Estados Unidos como Israel han dejado abierta en ocasiones anteriores.
Las conversaciones, mediadas por Omán, han tenido cinco rondas hasta ahora. La sexta está prevista, aunque aún no tiene fecha definida. El escenario se complica mientras los aliados tradicionales de Washington —Francia, Reino Unido y Alemania— buscan salvar el acuerdo de 2015, del que EE. UU. se retiró en 2018 por orden del presidente Trump.
Rusia y China, que también forman parte del pacto original, se mantienen como actores clave en este nuevo capítulo diplomático. Sin embargo, las nuevas sanciones podrían obstaculizar cualquier avance tangible. Irán continúa insistiendo en que la presión económica solo debilita las posibilidades de una solución pacífica.
A pesar de los esfuerzos multilaterales, las desconfianzas siguen marcando el ritmo de las negociaciones. Washington sostiene que Irán debe mostrar una mayor apertura sobre sus actividades nucleares, mientras que Teherán exige compromisos concretos y garantías verificables de que las sanciones serán levantadas.
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