El dominio israelí del espacio aéreo en Irán ha marcado una diferencia fundamental con la guerra en Ucrania, donde Rusia no logró imponer su poder aéreo. Según medios internacionales, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han destruido decenas de sistemas antiaéreos en el oeste de Irán y han eliminado a la cúpula de inteligencia de la Guardia Revolucionaria. Esto permitió a Israel declarar, apenas 48 horas después del inicio de su ofensiva, el control total del cielo sobre Teherán y otras regiones clave.
El uso inicial de cazas F-35 modificados permitió neutralizar gran parte de las defensas iraníes. Con ello, Israel desplegó modelos más antiguos, como los F-15 y F-16, y comenzó a utilizar bombas guiadas JDAM y Spice, de menor costo y mayor disponibilidad que los misiles de largo alcance.
Esta estrategia, según el diario The Wall Street Journal, ha transformado la campaña israelí de una operación limitada a una ofensiva con alcance sostenido y profundo.
Una diferencia estratégica con Ucrania
La comparación con el conflicto ruso-ucraniano es inevitable. En Ucrania, la fuerza aérea rusa no logró imponerse desde 2022, lo que derivó en una guerra de desgaste con enormes pérdidas humanas. Por el contrario, el control israelí del espacio aéreo ha permitido ataques constantes sin una presencia terrestre convencional.
Expertos consultados por el medio estadounidense coinciden en que la superioridad aérea resulta determinante. El teniente general retirado de EE. UU., David Deptula, señaló que “la ausencia de control aéreo en Ucrania provocó un estancamiento; en Irán, la supremacía israelí permite golpear con libertad”.
El jefe del Estado Mayor de Israel, Eyal Zamir, aseguró que los pilotos israelíes están ejecutando ataques de precisión a cientos de kilómetros de su territorio, con acceso directo a Teherán gracias a una ruta aérea establecida tras la neutralización de la defensa iraní.
Michael Kofman, investigador del Carnegie Endowment, remarcó que Irán resultó ser un blanco mucho más vulnerable que Ucrania. A diferencia de Kyiv, que dispersó sus defensas con apoyo de inteligencia occidental, Irán no reaccionó a tiempo. Su inversión histórica en misiles y en el poder de sus aliados regionales, como Hezbollah, le restó capacidad real de defensa aérea.
Según Kofman, Hezbollah fue diezmado por Israel en 2024 y el colapso del régimen sirio limitó la posibilidad de una respuesta coordinada. Esto facilitó la penetración israelí. Los ataques previos contra las defensas sirias abrieron un corredor que ahora usan los aviones israelíes.
Guerra desde el aire, sin presencia terrestre
El mariscal del aire británico Martin Sampson indicó que Israel puede emplear ahora todo su arsenal con mayor eficacia. “La campaña busca destruir y degradar. Irán no tiene cómo responder con el mismo alcance ni precisión”, declaró.
Otra diferencia importante fue el factor sorpresa. Irán esperaba que las negociaciones con EE. UU. previstas para el 15 de junio pospusieran cualquier ataque. Israel actuó dos días antes. Equipos de élite israelíes ingresaron de forma encubierta a Irán y destruyeron activos defensivos clave usando drones de corto alcance, replicando tácticas ucranianas contra bases rusas.
El analista Michael Horowitz afirmó que Israel aplicó en Irán lo que Rusia no pudo ejecutar en Ucrania: “Entrar, decapitar al régimen y desarmar las defensas”. Pero mientras la población ucraniana se resistió con fuerza, en Irán la impopularidad del régimen facilitó ciertas filtraciones de información y, posiblemente, colaboraciones internas.
A pesar de todo, Irán continúa lanzando misiles balísticos contra ciudades israelíes, causando muertes. Pero la tendencia parece inclinarse a favor de Israel. El general retirado Timothy Ray, de la Fuerza Aérea de EE. UU., explicó que destruir misiles en tierra es más eficaz que interceptarlos en vuelo, y ahora Israel tiene la capacidad para hacerlo.
La supremacía aérea no solo le da a Israel una ventaja táctica, sino también un margen estratégico. Sin necesidad de desplegar tropas en suelo iraní, puede continuar degradando las capacidades militares de su enemigo, mientras EE. UU. y sus aliados en el G7 discuten la escalada del conflicto.
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