La fractura interna del Cártel de Sinaloa ha generado un nuevo mapa de alianzas criminales en México. En medio del recrudecimiento de la violencia entre las facciones de Los Chapitos y La Mayiza, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ha comenzado a proporcionar apoyo limitado pero estratégico a los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, según reveló el analista en seguridad David Saucedo en entrevista con la periodista Adela Micha.
De acuerdo con Saucedo, el CJNG no ha desplegado toda su estructura operativa en respaldo a Los Chapitos, sino que el apoyo proviene únicamente de una de sus cinco comandancias, encabezada por Audias Flores Silva, alias El Jardinero. Esta célula ha enviado recursos operativos y unidades armadas en una colaboración parcial que responde más a un cálculo estratégico que a una alianza sólida.
“Lo que vemos es un apoyo a cuentagotas. Sí hay una alianza como tal, pero eso no significa que el CJNG se haya volcado completamente con Los Chapitos”, explicó Saucedo, quien aseguró que Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del CJNG, estaría administrando con cautela esta relación, beneficiándose del desgaste mutuo entre las facciones sinaloenses.
Un CJNG sobrecargado en frentes múltiples
El experto en seguridad subrayó que el CJNG mantiene frentes abiertos en múltiples estados del país, lo cual limita su capacidad de despliegue en apoyo a Los Chapitos. Entre los conflictos activos están:
- Cártel Nueva Plaza (Jalisco)
- Cártel Santa Rosa de Lima (Guanajuato)
- La Barredora (Tabasco)
- Cárteles Unidos (Michoacán)
- El Cártel de Sinaloa (Chiapas)
- Células criminales en CDMX, Guerrero y Oaxaca
Este escenario explica por qué el respaldo del CJNG es selectivo y táctico, centrado en debilitar simultáneamente a las dos alas del Cártel de Sinaloa y abrir espacio para su expansión territorial.
El nuevo equilibrio criminal
Saucedo advirtió que el conflicto interno ha fragmentado profundamente al Cártel de Sinaloa, generando una “espiral de violencia” sin precedentes en la entidad. Tan solo en junio —el mes más violento del año— se contabilizaron más de 1,200 asesinatos y 1,400 personas desaparecidas, según cifras extraoficiales.
La entrega voluntaria de Joaquín Guzmán López y la supuesta rendición de Ismael “El Mayo” Zambada han desarticulado el bloque cohesionado de la organización, y se teme que, como ocurrió con los Zetas y La Familia Michoacana, nuevas células emergentes terminen por desmembrar lo que alguna vez fue la estructura criminal más poderosa del continente.
La ruta de la alianza: crimen, venganza y reorganización
Según el periodista Óscar Balderas, la llegada de El Jardinero como jefe de seguridad de Iván Archivaldo Guzmán y Jesús Alfredo Guzmán Salazar confirmó la alianza entre ambos cárteles. El acuerdo se consolidó tras la caída de varios operadores clave de Los Chapitos, incluidos El Nini y La Perris.
Este pacto implicó intercambio de rutas de tráfico de drogas, armas y migrantes a cambio de protección armada, refugios y reorganización operativa. Además, el asesinato del hermano de El Jardinero —atribuido a sicarios de El Mayito Flaco— habría motivado una vendetta personal que selló el compromiso entre ambos bandos.
En la negociación también habría participado Abdiel Guzmán Araujo, hijo de Aureliano “El Guano” Guzmán Loera, ampliando así la red de intereses en torno a la supervivencia de la facción de Los Chapitos.
La relación entre CJNG y Los Chapitos redefine los equilibrios del narco en México. Si bien es una alianza funcional y oportunista, no deja de ser alarmante: los cárteles han comenzado a colaborar entre sí no solo para sobrevivir, sino para fortalecerse en medio de un país que sigue atrapado en una guerra sin fin.
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