El consumo privado en México mostró señales de recuperación en junio, con un incremento anual estimado de 0.9%, el más alto en nueve meses, de acuerdo con cifras preliminares del Indicador Oportuno del Consumo Privado (IOCP) publicado por el INEGI. Esta mejoría se sumó al avance de 0.6% registrado en mayo, indicando una posible salida del bache económico observado en trimestres anteriores.
Según el IOCP, el gasto de los hogares creció 0.7% durante el segundo trimestre de 2025, lo que significaría una reversión parcial tras dos trimestres consecutivos de contracción. Sin embargo, en el acumulado del primer semestre, el consumo privado muestra un retroceso marginal de 0.1%, reflejando una tendencia de estancamiento más profunda que pone en duda la solidez del repunte actual.
Gabriela Siller, directora de análisis económico en Grupo Base, advirtió que, si los datos se confirman, se trataría de una caída poco común para un primer semestre. «Sería la primera vez desde 2020 que el consumo en México disminuye en la primera mitad del año, cuando se contrajo más de 10% por efecto de la pandemia», explicó.
Sube en junio, pero persisten los riesgos estructurales
Iván Arias, director de estudios económicos de Banamex, considera que el IOCP es un termómetro fiable que anticipa con precisión el comportamiento del consumo. Según su análisis, el dato negativo en el semestre revela una debilidad estructural que se arrastra desde la segunda mitad de 2024, impulsada por varios factores, principalmente en el mercado laboral.
“Al revisar el indicador de asegurados en el IMSS, vemos un crecimiento nulo en junio”, señaló Arias. “Además, los aumentos salariales se han desacelerado. Mientras en 2023 promediaban un 5% en términos reales, en 2024 bajaron a 4% y actualmente rondan el 3.5%”.
Arias también mencionó que las elevadas tasas de interés y la reducción en el envío de remesas han tenido un efecto adicional, aunque menor, en el debilitamiento del consumo.
Arturo Vyeira, economista en jefe de Grupo Coppel, subrayó que, a pesar de los desafíos, existe la posibilidad de evitar un resultado negativo anual si se cumplen ciertas condiciones. “Si se logra generar al menos 250 mil nuevos empleos hacia el cierre de 2025, sumado a una menor inflación en alimentos y una apreciación del peso, podríamos ver un crecimiento modesto”, dijo. Para Vyeira, este escenario permitiría cerrar el año con un incremento de al menos 0.5% en el consumo, aunque sin alcanzar siquiera el 1%.
Humberto Calzada, economista en jefe para América Latina en Rankia, coincidió en que el último trimestre del año podría traer un respiro gracias a la estacionalidad. “Las celebraciones de fin de año suelen estimular el gasto de los hogares. No veremos un cambio estructural, pero sí una mejora temporal entre septiembre y diciembre”, apuntó.
Sin embargo, advirtió que ese impulso dependerá de la evolución de varios factores de riesgo, como la incertidumbre arancelaria, que podría reactivar presiones inflacionarias e incidir negativamente en el poder adquisitivo de los hogares.
En conjunto, los analistas coinciden en que el consumo mexicano ha salido de su punto más bajo, pero todavía enfrenta obstáculos significativos. Si bien el repunte observado en junio ofrece una señal alentadora, el panorama para el resto del año sigue marcado por la cautela y la fragilidad de los fundamentos económicos.
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