El Banco de México enfrenta un momento incómodo: una economía que se debilita con fuerza mientras la inflación subyacente se mantiene terca y fuera del rango objetivo. Las minutas de la reunión de noviembre confirman que la mayoría de los gobernadores vio necesario bajar la tasa de referencia a 7.25 %, pese al riesgo latente de presiones inflacionarias. El dato central es claro: la actividad económica cayó 0.3 % en el tercer trimestre y eso abrió espacio para aflojar la política monetaria. Además, los recientes recortes de la Reserva Federal de EE. UU. añadieron un margen adicional para mover la tasa sin provocar tensiones cambiarias. Las minutas revelan un debate más cauteloso, con advertencias internas sobre los riesgos si la inflación subyacente no baja al ritmo esperado, pero también muestran la urgencia de apoyar una economía que empieza a resentir la falta de impulso.
Banxico modera expectativas mientras la inflación subyacente presiona
Las minutas muestran una coincidencia básica entre la mayoría de los gobernadores: la inflación subyacente, situada en 4.28 % en octubre, sigue por encima del rango objetivo del banco, establecido en 3 % más o menos un punto. Aun así, la lectura dominante dentro de la junta es que la desaceleración económica ayudará a reducir presiones. Esta postura abrió la puerta al recorte de 25 puntos básicos. Aunque el ajuste era esperado, el tono general de las minutas apunta a una cautela mayor hacia adelante. Varios gobernadores enfatizaron que no habrá espacio para acelerar los recortes salvo que haya señales claras de que la inflación volverá a la trayectoria proyectada.
Otro factor clave fue la dinámica internacional. Los miembros del banco destacaron que la reducción de tasas realizada por la Reserva Federal en octubre ofreció flexibilidad adicional para recortar sin generar movimientos abruptos en el tipo de cambio. Sin embargo, el documento reconoce que existen dudas crecientes sobre un nuevo recorte de la Fed en diciembre. Esa incertidumbre obligará a Banxico a medir con precisión el ritmo de su ciclo de relajación monetaria para evitar un desalineamiento prematuro frente a la política de EE. UU.
La discusión interna incluyó un foco crítico: el vicepresidente Jonathan Heath. Heath volvió a votar en contra del recorte y defendió mantener la tasa en 7.50 %. Su postura se sostuvo en un argumento firme: la inflación subyacente no baja lo suficiente. Además, señaló que las previsiones internas subieron ligeramente, lo que representa un riesgo que, según él, aún no permite bajar la guardia. Este choque de perspectivas deja ver que el consenso dentro del banco no es tan sólido como podría aparentar. La discusión muestra un equilibrio frágil entre la necesidad de apoyar la economía y el compromiso con la estabilidad de precios.
Economía mexicana se enfría
Las minutas subrayan que el entorno económico será determinante en la decisión de los próximos meses. La caída de 0.3 % del PIB trimestral tomó a muchos analistas por sorpresa y ahora funciona como un recordatorio de que la economía mexicana se está enfriando más rápido de lo previsto. Ese enfriamiento podría acelerar la convergencia inflacionaria, pero también abre riesgos de un estancamiento prolongado si la tasa no acompaña. Por eso, el comunicado refleja preocupación sobre el deterioro del consumo y la debilidad del mercado laboral, aunque sin declarar un cambio drástico en el panorama.
También se mencionó que varios sectores muestran señales de agotamiento, lo que dificulta proyectar una recuperación sólida hacia 2026. En este contexto, la política monetaria debe operar con precisión para evitar agravar una desaceleración que ya es visible. El banco insiste en que su compromiso con la estabilidad de precios sigue intacto, pero reconoce que la economía no ofrece margen para políticas restrictivas prolongadas. Por lo tanto, las próximas decisiones dependerán de los datos inflacionarios de fin de año y del comportamiento de la economía estadounidense.
En suma, las minutas revelan una mezcla de preocupación y pragmatismo dentro de Banxico. Hay un reconocimiento claro de que la economía necesita alivio, pero también existe el riesgo de un rebote inflacionario si los recortes se adelantan. Las decisiones siguientes exigirán un equilibrio delicado para sostener la estabilidad sin frenar más a una economía que ya muestra señales de desgaste.
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