Estados Unidos puso en marcha una nueva regla migratoria que permite a sus autoridades tomar fotografías y recopilar datos biométricos de extranjeros que entren o salgan del país por aire, tierra o mar. La medida, impulsada por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), marca un endurecimiento en los controles fronterizos y amplía de forma significativa el alcance de la vigilancia sobre personas no ciudadanas, incluidos residentes permanentes, trabajadores temporales y menores de edad.
Desde este viernes, la normativa autoriza la recolección de huellas dactilares y rasgos faciales en aeropuertos, cruces terrestres y puertos marítimos al momento de la salida o ingreso a territorio estadounidense. Con ello, el DHS busca cerrar vacíos en los registros migratorios y fortalecer los mecanismos de identificación de viajeros, en un contexto de mayor énfasis gubernamental en la seguridad nacional.
Qué cambia con la nueva regla
Uno de los cambios más relevantes es la eliminación de exenciones que hasta ahora protegían a ciertos grupos. El uso de reconocimiento facial se amplía a menores de 14 años y a personas mayores de 79, sectores que previamente no estaban sujetos a este tipo de controles. La disposición también impacta a quienes cuentan con tarjeta de residencia permanente, residentes temporales y personas con visas de trabajo.
De acuerdo con el DHS, el sistema permitirá confirmar con mayor precisión la identidad de los extranjeros que solicitan admisión a Estados Unidos, así como verificar de manera efectiva su salida del país. La autoridad sostiene que esta información ayudará a detectar casos de sobreestadía, uso fraudulento de documentos de viaje e inconsistencias en los datos proporcionados por los viajeros.
Argumentos de seguridad nacional
El Gobierno estadounidense justificó la medida al señalar que enfrenta amenazas vinculadas con terrorismo, falsificación de documentos y registros migratorios incompletos o incorrectos. Según la explicación oficial, la recopilación de datos biométricos permitirá contar con un control más robusto de quién entra y quién sale del país, reduciendo riesgos asociados a identidades falsas o movimientos no registrados.
El DHS aseguró que este sistema contribuirá a una gestión más eficiente de las fronteras y a una mejor coordinación entre agencias encargadas de la seguridad y la migración. La norma fue anunciada desde octubre pasado, pero su aplicación comenzó formalmente este diciembre.
Críticas y preocupaciones civiles
Organizaciones defensoras de derechos civiles expresaron inquietudes sobre el alcance real de la medida. Entre los principales cuestionamientos se encuentra el manejo de la información personal: cuánto tiempo se conservarán los datos biométricos, quién tendrá acceso a ellos y qué mecanismos existen para corregir errores o malentendidos en los registros.
Activistas advierten que el uso ampliado de reconocimiento facial puede derivar en abusos, fallas de identificación o discriminación, especialmente en el caso de menores de edad y adultos mayores. También señalan la falta de claridad sobre las salvaguardas que protegerán la privacidad de millones de viajeros internacionales.
Otras medidas migratorias en puerta
Este endurecimiento del control biométrico se suma a otras propuestas recientes del Gobierno estadounidense. El pasado 10 de diciembre, la administración del presidente Donald Trump planteó que turistas de 42 países deberán entregar el historial de sus redes sociales de los últimos cinco años como requisito para ingresar a Estados Unidos.
La medida estaría dirigida a quienes viajan bajo el Sistema Electrónico de Autorización de Viaje (ESTA), que incluye a ciudadanos de países como España, Reino Unido, Francia, Japón, Australia e Israel, entre otros. De aprobarse, representaría un nuevo filtro de seguridad previo al ingreso al país.
Con estas disposiciones, Estados Unidos avanza hacia un modelo de control migratorio más estricto, basado en el uso intensivo de tecnología y datos personales, lo que mantiene abierto el debate entre seguridad nacional y derechos individuales.
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