La otra tribuna del Mundial está en Dragón Boba, el rincón coreano de la CDMX

Mientras los estadios reciben a miles de aficionados durante el Mundial 2026, una parte de la fiesta futbolera se vive lejos de las canchas. En plena Zona Rosa de la Ciudad de México, el corredor conocido como Pequeño Seúl se ha convertido en punto de reunión para visitantes surcoreanos y curiosos que buscan conocer una faceta diferente de la capital. Entre restaurantes, supermercados y cafeterías destaca Dragón Boba, un establecimiento que refleja la influencia de una comunidad que ha echado raíces en México desde hace varias décadas.

La presencia de aficionados de Corea del Sur durante la Copa del Mundo ha dado nueva visibilidad a esta zona, donde la gastronomía y la cultura asiática forman parte del paisaje cotidiano. Durante las jornadas mundialistas, visitantes extranjeros y mexicanos recorren sus calles para degustar platillos tradicionales, bebidas populares y compartir la pasión por el futbol.

Más allá de los resultados en la cancha, el Mundial también ha impulsado encuentros culturales que muestran cómo distintas comunidades han contribuido a enriquecer la identidad de la Ciudad de México.

Un pedazo de Corea en el corazón de la capital

La historia del llamado Pequeño Seúl comenzó a consolidarse durante las décadas de 1980 y 1990, cuando familias coreanas llegaron a México atraídas por oportunidades comerciales y empresariales.

Con el paso del tiempo, numerosos negocios abrieron sus puertas en las calles cercanas a la Zona Rosa. Restaurantes, tiendas de productos importados, panaderías y cafeterías transformaron la zona en uno de los principales referentes de la cultura coreana en América Latina.

Entre esos establecimientos se encuentra Dragón Boba, un local que combina bebidas asiáticas populares con un ambiente que atrae tanto a miembros de la comunidad coreana como a visitantes interesados en descubrir nuevos sabores.

Durante el Mundial 2026, la afluencia de turistas vinculados con la selección surcoreana ha incrementado la actividad comercial en la zona y ha despertado la curiosidad de quienes buscan experiencias distintas a las tradicionales rutas turísticas de la capital.

Del futbol a la gastronomía

La Copa del Mundo ha demostrado que el deporte puede convertirse en una puerta de entrada para conocer otras culturas. Muchos aficionados que llegaron a México para apoyar a Corea del Sur aprovecharon su estancia para recorrer el Pequeño Seúl y visitar negocios representativos de la comunidad.

Las bebidas a base de té, leche y tapioca que ofrece Dragón Boba forman parte de una tendencia gastronómica asiática que ha ganado popularidad en distintas partes del mundo. Su presencia en la Zona Rosa refleja cómo la influencia cultural coreana ha trascendido fronteras.

El establecimiento forma parte de una red de comercios que han contribuido a consolidar la identidad del barrio y a mantener vivas las tradiciones de una comunidad que encontró en México un segundo hogar.

Una tradición alrededor de la mesa

Uno de los platillos más representativos que pueden encontrarse en el Pequeño Seúl es la parrillada coreana, una experiencia culinaria que combina finas láminas de carne marinada cocinadas a la plancha con una amplia variedad de acompañamientos tradicionales.

En la mesa destacan el bulgogi de res, arroz al vapor, sopas picantes, kimchi fermentado, verduras frescas, pepinos sazonados y diversas guarniciones conocidas como banchan, que permiten al comensal mezclar sabores dulces, salados, picantes y ahumados en cada bocado.

Más que una comida, se trata de una tradición social que invita a compartir los alimentos alrededor de la mesa, una costumbre profundamente arraigada en la cultura coreana.

Un Mundial que también se disfruta fuera de los estadios

Aunque los reflectores suelen concentrarse en las figuras del futbol y los resultados de cada jornada, el Mundial también deja historias en calles, restaurantes y espacios donde conviven personas de distintas nacionalidades.

El Pequeño Seúl de la Ciudad de México es uno de esos escenarios. Allí, la pasión por el futbol se mezcla con la gastronomía, la historia migratoria y el intercambio cultural que caracteriza a una ciudad considerada una de las más diversas de América Latina.

Mientras avanza el Mundial 2026, lugares como Dragón Boba continúan recibiendo visitantes que buscan algo más que un partido: una experiencia capaz de acercarlos a otra cultura sin salir de México.

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