Mancini regresa al rescate de Italia tras la crisis que frustró la llegada de Pirlo

Roberto Mancini volverá al banquillo de la Azzurra después del veto a Andrea Pirlo mientras Claudio Ranieri asumirá la dirección técnica de una selección que acumula tres Mundiales consecutivos sin clasificarse.

Italia vuelve a confiar en Roberto Mancini para intentar salir de una de las etapas más delicadas de su historia reciente. El entrenador regresará al banquillo de la Azzurra después de la crisis interna que frustró el nombramiento de Andrea Pirlo y provocó la salida de Paolo Maldini apenas 15 días después de asumir como director técnico.

Giovanni Malagò, presidente de la Federación Italiana de Fútbol, confirmó este martes la elección de Mancini y asumió personalmente la responsabilidad de una decisión tomada con el tiempo en contra.

“El tiempo apretaba y yo he considerado que la persona que debía convertirse en comisario técnico de la Selección italiana fuera Roberto Mancini”, declaró Malagò después del consejo federal de la FIGC.

El regreso tiene un objetivo de enorme dimensión deportiva. Italia quedó fuera de tres Mundiales consecutivos y ahora recurrirá a un entrenador que conoce tanto el éxito como el fracaso reciente con la selección.

Mancini ya dirigió al combinado nacional entre 2018 y 2023. Ahora comenzará una segunda etapa después de una sucesión de decisiones que abrió una crisis dentro de la estructura deportiva de la Federación.

Además, Claudio Ranieri asumirá como nuevo director técnico en sustitución de Maldini, quien dejó el puesto junto con su asesor Leonardo.

El veto a Pirlo desencadena la crisis en la Azzurra

Andrea Pirlo aparecía como candidato para asumir el banquillo italiano. Sin embargo, su elección quedó frenada en el último momento debido a su trabajo como representante de una casa rusa de apuestas.

La decisión provocó diferencias entre Malagò y la estructura deportiva encabezada por Maldini y Leonardo. Ambos habían sido nombrados apenas dos semanas antes y respaldaban la llegada de Pirlo.

El episodio incluso generó molestia en el ministro de Deportes, Claudio Abodi. Ante la controversia, Malagò compareció públicamente para explicar por qué decidió detener el nombramiento.

Según el presidente de la FIGC, ni él ni Maldini conocían previamente el trabajo de Pirlo como embajador de la empresa de apuestas. Sin embargo, afirmó que tomó personalmente la decisión de excluirlo.

“La involución del candidato Pirlo obligó al que habla a no apoyarle. Simplemente por una cuestión de oportunidad”, sostuvo.

Malagò insistió en que no existían otras interpretaciones detrás de la determinación y asumió la responsabilidad de haber frenado el proceso.

La ruptura terminó también con la salida de Maldini y Leonardo. El dirigente sostuvo que ambas partes llegaron a “la serena coincidencia de que sus caminos debían separarse”.

En consecuencia, la Federación reconstruyó en cuestión de días dos puestos clave de su proyecto deportivo. Mancini dirigirá al equipo desde el banquillo, mientras Ranieri ocupará la dirección técnica.

Mancini vuelve a una selección que conoce de los dos extremos

El nuevo seleccionador italiano inició su carrera como entrenador en 2001 con la Fiorentina, donde conquistó una Copa Italia. Posteriormente dirigió al Lazio antes de comenzar una etapa destacada con el Inter de Milán.

Con el conjunto nerazzurro ganó tres títulos consecutivos de la Serie A entre 2006 y 2008. En total, conquistó siete trofeos durante su paso por el club.

En 2009 llegó al Manchester City. Después dirigió al Galatasaray y al Zenit de San Petersburgo hasta recibir en 2018 la oportunidad de tomar el mando de Italia.

Aquella primera etapa con la Azzurra terminó en 2023, cuando Mancini aceptó una oferta para dirigir a Arabia Saudí.

Su paso por Italia estuvo marcado también por una de las grandes decepciones recientes de la selección. Bajo su dirección, la Azzurra no logró clasificarse al Mundial de Catar 2022 después de perder frente a Macedonia del Norte en la repesca.

Ahora Mancini recibe nuevamente el equipo en un escenario todavía más complejo. Italia acumula tres Mundiales consecutivos fuera de la competencia y su regreso se produce después de una crisis que alteró en apenas semanas el proyecto previsto por la Federación.

La apuesta de la FIGC consiste así en recurrir a un técnico que ya conoce el entorno de la selección mientras reorganiza simultáneamente su dirección deportiva.

Mancini tendrá la tarea de devolver competitividad a la Azzurra. Ranieri, por su parte, asumirá la estructura técnica que Maldini dejó después de la disputa surgida alrededor de Pirlo.

Italia inicia así una nueva reconstrucción con un rostro conocido en el banquillo. El regreso de Mancini no solo supone una segunda oportunidad para el entrenador, sino una respuesta inmediata de la Federación después de una crisis que obligó a modificar su proyecto antes incluso de ponerlo en marcha.

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