El Gobierno de México intensificó las negociaciones con EE. UU. para reducir los aranceles que afectan a sectores estratégicos mientras avanza la revisión del T-MEC.
México busca mejorar las condiciones comerciales con Estados Unidos antes de que avance la revisión del T-MEC. El objetivo inmediato está puesto en los aranceles que Washington mantiene sobre automóviles, acero y aluminio mexicanos.
La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, mantiene conversaciones con funcionarios estadounidenses para buscar una reducción de estos gravámenes. Además, señaló que el funcionario volvió a Washington para continuar las negociaciones.
Ebrard se reunió con el secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick, para abordar los aranceles y otros asuntos relacionados con la relación comercial bilateral. El encuentro ocurrió mientras ambos países preparan una nueva ronda de conversaciones sobre el tratado comercial de América del Norte.
El movimiento ocurre en un momento especialmente relevante para México. Por una parte, el país intenta preservar las ventajas comerciales que mantiene frente a otros socios de Estados Unidos. Por otra, busca reducir el impacto de medidas arancelarias que Washington aplica de manera específica a determinados sectores.
Sheinbaum sostuvo que México se encuentra en una posición favorable porque una parte importante de las mercancías mexicanas ingresa al mercado estadounidense sin pagar aranceles. Sin embargo, reconoció que todavía existen sectores estratégicos donde las condiciones pueden mejorar.
Por ello, la negociación busca evitar que los gravámenes reduzcan la competitividad de industrias que mantienen una fuerte integración productiva con Estados Unidos.
Automotriz y acero concentran la negociación
Uno de los principales frentes es la industria automotriz. México busca que los vehículos producidos en territorio nacional tengan mejores condiciones de acceso al mercado estadounidense.
El sector resulta especialmente relevante porque las cadenas de producción de ambos países están estrechamente vinculadas. Una misma unidad puede incorporar componentes fabricados en México y Estados Unidos antes de llegar al consumidor.
En consecuencia, un arancel adicional puede elevar costos a lo largo de la cadena. Por ello, la estrategia mexicana consiste en defender el nivel de integración regional como uno de los argumentos para obtener un trato preferencial.
Ebrard ha planteado que México debería recibir condiciones distintas a las aplicadas a países con los que Estados Unidos tiene una relación productiva menos integrada. En particular, el Gobierno mexicano busca que los aranceles al sector automotriz sean menores a los que enfrentan otros competidores.
El acero representa otro punto de presión. Estados Unidos mantiene un arancel de 50 por ciento para este producto, una medida que México busca modificar.
La posición mexicana se basa, entre otros argumentos, en el intercambio comercial existente entre ambos países. México compra una cantidad importante de acero estadounidense y, al mismo tiempo, ha impulsado inversiones para aumentar su propia capacidad de producción.
Un ejemplo es la planta de Ternium en Pesquería, Nuevo León, cuya inversión anunciada asciende a 4 mil millones de dólares. El proyecto busca incrementar la producción nacional y reducir la dependencia de importaciones de determinados insumos siderúrgicos.
Para el Gobierno mexicano, estas inversiones respaldan la petición de recibir un tratamiento arancelario acorde con la producción que ya se realiza en territorio nacional.
México quiere llegar a septiembre con una posición favorable
Las negociaciones comerciales también están vinculadas con la revisión del T-MEC. México y Estados Unidos acordaron continuar las conversaciones bilaterales durante septiembre, en una nueva ronda que tendrá lugar en Washington.
Sin embargo, existe una diferencia importante entre ambos procesos. Los aranceles aplicados al acero, aluminio y automóviles no derivan directamente del T-MEC. Se trata de medidas comerciales impuestas por Estados Unidos mediante mecanismos propios de su legislación.
Por ello, México debe enfrentar simultáneamente la revisión del tratado y las negociaciones específicas sobre los gravámenes.
Además, el Gobierno mexicano mantiene abierta la discusión sobre la Sección 301 de la legislación comercial estadounidense. Esta contempla investigaciones relacionadas con capacidad excedente y producción, un asunto que puede tener efectos sobre distintos sectores industriales.
La estrategia mexicana consiste en evitar que las nuevas medidas comerciales deterioren la posición que el país ha conseguido frente a otros socios de Estados Unidos.
De hecho, Ebrard ha señalado que México busca conservar un trato preferencial. El argumento central es el nivel de integración económica entre ambos países, así como el volumen de comercio bilateral.
En ese escenario, septiembre será un mes decisivo para la negociación. México llegará a esa etapa con una agenda que incluye automóviles, acero, aluminio y otros asuntos vinculados con la política comercial estadounidense.
La negociación también incluye seguridad y migración
Aunque los aranceles ocupan una parte central de las conversaciones, Sheinbaum señaló que la relación con Estados Unidos mantiene otros dos ejes: migración y seguridad.
La presidenta sostuvo que México busca mantener una relación basada en la colaboración y la reciprocidad. Bajo ese planteamiento, mientras Washington exige acciones contra el tráfico de drogas hacia su territorio, México demanda medidas frente al ingreso de armas provenientes de Estados Unidos.
El tema comercial, por tanto, forma parte de una relación bilateral más amplia. Cualquier acuerdo sobre aranceles se desarrolla mientras ambos gobiernos mantienen conversaciones sobre asuntos que también generan presión política.
Sheinbaum afirmó que su administración busca alcanzar el mejor acuerdo posible para México. Asimismo, adelantó que los resultados serán comunicados cuando existan avances concretos.
Por ahora, no existe un anuncio de reducción definitiva de los aranceles. La negociación continúa y el Gobierno mexicano mantiene como objetivo obtener condiciones más favorables para sus industrias estratégicas.
El verdadero desafío estará en convertir la posición negociadora de México en resultados concretos antes de que avance la revisión del T-MEC. Para sectores como el automotriz, siderúrgico y del aluminio, las decisiones que se adopten en Washington pueden tener efectos directos sobre costos, inversiones y competitividad.
Así, la próxima ronda de conversaciones no será únicamente otro capítulo de la revisión comercial. Será también una oportunidad para México de intentar modificar los gravámenes que actualmente afectan a algunas de sus principales industrias exportadoras.
También te puede interesar: Amnistía cuestiona a Sheinbaum por dejar fuera las crisis de derechos humanos




