Los años de angustia quedaron atrás. Cruz Azul no solo ganó, aplastó. Con una actuación dominante de principio a fin, el equipo cementero venció 5-0 al Vancouver Whitecaps y se coronó campeón de la Copa de Campeones de la Concacaf 2025. El escenario fue el Estadio Olímpico Universitario, donde La Máquina logró su séptimo trofeo continental, igualando al América como el máximo ganador del certamen.
El marcador fue tan contundente como el futbol desplegado. Ignacio Rivero encendió la noche apenas al minuto 8, marcando el rumbo del partido y desatando la euforia de una afición que convirtió CU en un caldero. A partir de ese instante, Vancouver se volvió espectador de su propia derrota. El equipo canadiense jamás encontró respuestas ante un rival que olía sangre desde el primer minuto.
Fiesta cementera con aroma a despedida para Vicente Sánchez
Con orden defensivo y vértigo ofensivo, Cruz Azul ejecutó una de sus mejores exhibiciones en torneos internacionales. La zaga, comandada por Willer Ditta, Gonzalo Piovi y Jorge Sánchez, secó los intentos de los Whitecaps, mientras el mediocampo cementero impuso ritmo y recuperó cada pelota dividida.
El segundo gol llegó al 28’, cortesía de Lolo Faravelli, quien aprovechó una desatención en la marca para ampliar la ventaja. Diez minutos más tarde, Ángel Sepúlveda anotó el tercero y destrozó cualquier posibilidad de remontada. La fiesta no paró ahí. Mateusz Bogusz marcó el cuarto justo antes del descanso y dejó al rival moralmente destruido.
Para el complemento, el dominio se mantuvo. Sepúlveda firmó su doblete al minuto 50 y selló la histórica goleada con un festejo al estilo Karate Kid, provocando el delirio en las gradas. A partir de entonces, el partido fue un desfile de cánticos, abrazos y sonrisas entre jugadores y aficionados. Cada pase fue ovacionado, cada barrida celebrada.
La imagen final fue simbólica: Vicente Sánchez hincado sobre el césped, agradeciendo con los brazos al cielo. El técnico interino, quien asumió el cargo tras la sorpresiva salida de Martín Anselmi a principios del año, podría haber dirigido su último partido al frente del equipo. Si así fuera, su legado quedará sellado con letras doradas.
“Esto es por ellos”, comentó Sánchez en rueda de prensa, refiriéndose a los jugadores y a la afición. “Cruz Azul no necesita pretextos cuando tiene alma, corazón y fútbol”.
Este título pone fin a una sequía internacional de 11 años y devuelve al club a la élite del continente. Más allá del marcador, la victoria representa una reconexión emocional con la historia, con la exigencia y con la fe que nunca se apagó entre los seguidores celestes. La Máquina vuelve a rugir.
La noche de gloria también tuvo tintes cinematográficos: en redes sociales, los aficionados compararon la goleada con la final de la Champions League entre el Real Madrid y el Borussia Dortmund, alimentando la narrativa épica que rodeó el triunfo.
Si Vicente Sánchez se va, lo hará como un técnico que devolvió la esperanza. Si se queda, tendrá el reto de mantener viva la mística que se vivió en CU. Lo cierto es que Cruz Azul volvió a enamorar.
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