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    La historia de los incidentes en Independiente vs. La «U» de Chile: Guerra interna en la barra roja y un cantito que desató la barbarie

    Los gravísimos incidentes que marcaron el partido entre Independiente y Universidad de Chile el miércoles en el Estadio Libertadores de América, en Avellaneda, dejaron una estela de violencia que va más allá de un simple fallo de seguridad. La barbarie, que dejó cuatro hinchas chilenos hospitalizados —dos con pronóstico reservado tras cirugías— y cientos de detenidos, tiene raíces en una lucha fratricida dentro de la barra brava roja, exacerbada por un operativo policial y organizativo plagado de fallos. La Conmebol canceló el encuentro por “falta de garantías de seguridad”, pero la historia subyacente revela un conflicto interno que desató el caos.

    El operativo fallido incluyó errores críticos: no se instalaron barreras de contención ni pulmones en la tribuna Sur alta, ocupada por la barra de Universidad de Chile —considerada una de las más violentas de Chile junto a la de Colo Colo—; se omitió intervenir cuando los visitantes начали arrojar proyectiles; no se autorizó a la Infantería como refuerzo; y se ignoró el ingreso de la barra oficial de Independiente por el anillo interno tras saltar las piletas. Este vacío permitió que la violencia escalara desde el primer tiempo, cuando los hinchas chilenos lanzaron butacas, caños de plástico y mampostería hacia la Sur baja, donde estaban hinchas comunes y la barra disidente liderada por David y Emanuel Escubilla, en conflicto con la barra oficial de Juan Ignacio Leczniki y Mario Nadalich, apoyada por la dirigencia y autoridades.

    La chispa final fue un cantito de la disidente y el público contra la barra oficial —“no tenés vergüenza, por la plata no se alienta” y “la barra tiene miedo”— tras ser repelidos por la Policía al intentar responder. Esto llevó a un cónclave de la barra oficial, que, presionada por su imagen y tras reportes de heridos propios en la Sur baja, decidió atacar. Aprovechando la distracción policial, 60 “piernas” saltaron las piletas, abrieron portones con ayuda de guardias pasivos y asaltaron la Sur alta, golpeando, desnudando y humillando a hinchas chilenos, algunos arrojados al vacío. Videos virales muestran la impunidad, con ropas colgadas como trofeos y agresiones filmadas.

    Judicialmente, el fiscal Mariano Zitto caratuló el caso como “atentado y resistencia a la autoridad”, pero las evidencias podrían elevarlo a tentativa de homicidio, con penas efectivas. La barra disidente, ahora con derecho de admisión reducido, ve una oportunidad para pelear el poder, anunciando más conflictos. Las sanciones de Conmebol y la caída de la protección a la barra oficial podrían derivar en decenas de detenciones, mientras el fútbol sudamericano enfrenta otra mancha de violencia, amplificada por fallos estructurales y rivalidades internas.

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