Las tensiones comerciales globales, especialmente con Estados Unidos, han enfriado la relación económica entre China y México. En medio de esta guerra comercial, China ha decidido suspender inversiones en territorio mexicano, optando por redirigir su atención hacia países como Perú, que parece ser un destino más receptivo para las empresas chinas.
El ejemplo más claro de este cambio de rumbo es el caso de BYD, el mayor fabricante de automóviles de China. En 2023, la empresa china tenía planes para construir su primera fábrica en México, un proyecto que se esperaba generaría 10,000 empleos y una inversión de 600 millones de dólares. Sin embargo, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha alterado estos planes.
El presidente estadounidense ha intensificado su postura comercial, y recientemente anunció nuevos aranceles a los automóviles importados, lo que ha puesto en pausa la inversión china en México. A esto se suma la postura de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, quien ha intentado equilibrar las relaciones entre Estados Unidos y China, buscando evitar un conflicto con su principal socio comercial.
El distanciamiento de China y la «agenda alineada» de México con Estados Unidos
Cindy Blanco, secretaria de Desarrollo Económico de Jalisco, ha dejado claro que, por el momento, México no está buscando activamente inversiones chinas. «Estamos muy conscientes de las implicaciones. Por eso, buscamos una agenda alineada con la de Estados Unidos», comentó Blanco, reflejando el cambio en la política económica mexicana en los últimos años.
Este distanciamiento se profundiza aún más cuando China muestra su reticencia a apoyar proyectos como la planta de BYD en México. De acuerdo con el Financial Times, el Ministerio de Comercio de China retrasó la aprobación de la planta debido a preocupaciones sobre la filtración de tecnología a Estados Unidos, un escenario que refleja las tensiones entre ambas naciones.
Durante el primer mandato de Trump, los aranceles impuestos a las importaciones chinas incentivaron a las empresas de este país a invertir en México, buscando evitar los gravámenes. Sin embargo, el contexto ha cambiado. La pandemia de COVID-19 y sus efectos en las cadenas de suministro globales hicieron que México, con su cercanía a Estados Unidos y su tratado de libre comercio con este país, fuera una opción atractiva para las inversiones chinas.
Sin embargo, este panorama ha cambiado. «Todo este juego de ajedrez geopolítico ha afectado la voluntad de las empresas chinas de invertir en México», dijo Laura Acacio, gerente de Jiangyin Hongmeng Rubber Plastic Product, lo que refleja el impacto de la política de Trump y el clima económico internacional.
Ahora, China ha decidido redirigir sus inversiones hacia Perú. Según reportes, el gobierno chino considera que el mercado peruano es más receptivo a las empresas chinas. Además, Perú se ha beneficiado de un nuevo puerto conectado directamente con Shanghái, lo que facilita el comercio entre ambos países. La existencia de un tratado de libre comercio entre Perú y Estados Unidos, vigente desde 2009, también ha sido un factor atractivo para las empresas chinas que buscan diversificar su inversión en América Latina.
¿Qué consecuencias tendrá la salida de inversiones chinas de México?
A pesar del cambio de rumbo de China, las inversiones chinas en México en los últimos años siguen siendo relevantes. En los tres últimos años, la inversión directa de empresas chinas en México ha superado los 2 mil millones de dólares anuales, casi el doble que hace una década. Una de las zonas donde estas inversiones se han concentrado es el Parque Industrial Hofusan, cerca de la frontera con Estados Unidos, que alberga a más de 40 empresas chinas, entre ellas fabricantes de muebles y autopartes.
Donald Trump ha dejado claro que las empresas chinas no deben usar a México para evitar los aranceles impuestos por Estados Unidos. En marzo, el presidente de Estados Unidos anunció que los aranceles del 25% a las importaciones de México entrarían en vigor el 4 de marzo, aunque pospuso la fecha hasta el 2 de abril para permitir más negociaciones. Esta incertidumbre ha hecho que algunas empresas reconsideren la apertura de nuevas plantas en México, lo que agrava aún más el panorama económico para las inversiones chinas.
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