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    Pemex insiste en refinar: mientras el mundo reduce inversión, México apuesta por Dos Bocas

    La inversión global en refinerías caerá en 2025 a su nivel más bajo en una década, pero México va contracorriente con el proyecto Olmeca, en Tabasco. De acuerdo con el reporte Inversión Energética Mundial 2025 de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), la inversión en este sector caerá por debajo de los 30 mil millones de dólares, una cifra que refleja una transición acelerada hacia alternativas más limpias.

    Según la IEA, la caída en la inversión es más pronunciada en las economías avanzadas, donde ha disminuido más de 50% en la última década. En contraste, en los mercados emergentes la reducción ha sido del 10%. Asia y Medio Oriente concentran hoy tres cuartas partes de la inversión global en refinación, dejando al resto del mundo, incluido México, con apuestas individuales y aisladas.

    Dos Bocas, la gran excepción regional

    En América del Norte, el caso más relevante es la refinería Olmeca, ubicada en Dos Bocas, Tabasco. El gobierno mexicano ha invertido hasta ahora 20 mil millones de dólares en este megaproyecto. Según el reporte, su puesta en marcha podría compensar la pérdida de capacidad derivada del cierre de otras instalaciones en la región.

    La planta está diseñada para procesar 340 mil barriles diarios. Esta cifra la posiciona como una de las refinerías más ambiciosas de América Latina en los últimos años. Pese a las críticas sobre su rentabilidad, el gobierno de México la considera clave para alcanzar la autosuficiencia en combustibles.

    El proyecto de nación 2024-2030 de Morena incluía la posibilidad de construir una segunda refinería. Sin embargo, el documento no detalló ubicación, costos ni plazos. La presidenta Claudia Sheinbaum tampoco ha mencionado ese plan de manera pública desde su llegada al poder.

    El contexto global, sin embargo, muestra una tendencia opuesta: la capacidad de refinación aumentó en 1.3 millones de barriles diarios en 2024, pero para 2025 se espera un crecimiento casi nulo. Las aperturas de nuevas plantas en China e India (1.1 millones de barriles por día) se verán contrarrestadas por cierres en Europa y Norteamérica.

    Mientras tanto, las empresas petroleras están girando hacia modelos de negocio más sostenibles. Bapco, de Bahréin, ya destina el 20% de su inversión de capital a biocombustibles e hidrógeno, e incluso ha adoptado tecnologías de captura y almacenamiento de carbono. En EE. UU., Phillips 66 convirtió su refinería Rodeo (California) en una planta de biocombustibles, con una capacidad de 50 mil barriles diarios.

    El proyecto costó mil 300 millones de dólares, 400 millones más de lo previsto por complicaciones logísticas y regulatorias.

    La producción de biocombustibles crece rápidamente. Solo en 2024, la capacidad de refinación de biojet y diésel renovable aumentó un 25%, y se prevé un crecimiento adicional del 40% en 2025, lo que alcanzaría los 800 mil barriles diarios. La mitad de ese crecimiento proviene de EE. UU.

    Frente a ese escenario, la estrategia mexicana parece anacrónica para algunos, pero responde a una lógica interna de soberanía energética. Aún así, el contraste con la dirección global es evidente: mientras otros países apuestan por transiciones verdes, México insiste en los hidrocarburos.

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