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    Producción de gas doméstico se desploma y México depende más de las importaciones

    La producción nacional de gas licuado vive su peor momento en década y media. Entre enero y septiembre, Pemex apenas promedió 81.5 mil barriles diarios, el volumen más bajo para un periodo similar en 15 años. Este desplome confirma un problema estructural: México sostiene al mercado doméstico —casi 40 millones de hogares— gracias a importaciones que ya superan la producción nacional. En los primeros nueve meses del año, las compras externas crecieron 10 por ciento y alcanzaron 84.6 mil barriles diarios, una dependencia que deja claro que la infraestructura del país no puede sostener la demanda.

    Infraestructura insuficiente y un mercado saturado de riesgos

    Ramsés Pech, analista del sector energético, advierte que la industria del gas licuado enfrenta un deterioro que no se resuelve con ajustes menores. El país arrastra ductos, terminales y sistemas logísticos obsoletos que no permiten elevar la producción ni garantizar seguridad operativa. Además, la creciente concentración del mercado —donde pocas empresas controlan buena parte de la distribución— limita la competencia e incentiva conductas anticompetitivas que impactan directamente en los precios.

    Un elemento adicional complica el panorama: el robo de gas. El “huachigas” avanza mientras las tomas clandestinas y el transporte ilegal se multiplican. Ese fenómeno genera pérdidas económicas severas y coloca en riesgo tanto al personal del sector como a comunidades enteras donde operan estas redes. Sin controles más estrictos, el problema seguirá presionando los costos del suministro.

    Falta de incentivos para invertir y una logística que se encarece

    Para Enrique Medrano, representante del Gremio Gasero Nacional, la sobrerregulación actual inhibe la inversión. Las autoridades exigen una larga lista de requisitos operativos, pero los márgenes para los comisionistas siguen siendo mínimos, lo que frena cualquier expansión o modernización. El sector doméstico concentra 80 por ciento del consumo nacional y es justo ahí donde la logística se vuelve más compleja: rutas largas, zonas difíciles de acceso e incrementos constantes en los costos de operación.

    El INEGI reporta 39 millones de hogares en México, de los cuales 33 millones dependen del gas LP para cocinar o calentar agua. A pesar de su importancia, el país no ha fortalecido la infraestructura necesaria para reducir riesgos y costos. El resultado es un mercado vulnerable a interrupciones, presiones inflacionarias y decisiones externas, debido a que más de la mitad del gas que se consume ya llega del extranjero.

    Una industria clave en un punto crítico

    La caída histórica en la producción coincide con una demanda estable, lo que agrava la dependencia externa. De no corregirse, México quedará expuesto a variaciones de precios internacionales y a tensiones logísticas fuera de su control. El reto es evidente: reactivar la inversión, modernizar la infraestructura y fortalecer la regulación sin asfixiar al sector.

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