El Museo Metropolitano de Arte de Nueva York (Met) ha inaugurado una nueva etapa en su historia con la reapertura del ala Michael C. Rockefeller, que alberga las salas dedicadas a África, Oceanía y el Arte de la Antigua América. Esta remodelación no solo representa un hito museográfico, sino también una transformación conceptual profunda sobre cómo se presentan y entienden las culturas originarias del continente americano.
Durante la presentación oficial, celebrada este miércoles en el propio Met, se destacó que la renovación del espacio culmina una década de trabajo curatorial, en particular en la Sala de Arte de la Antigua América, dirigida por la investigadora mexicana del INAH, Laura Filloy Nadal, en colaboración con Joanne Pillsbury, curadora de Arte Americano Antiguo en el museo neoyorquino.
Un rediseño con raíz mexicana


La reapertura refleja una estrecha colaboración con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México y otros museos de América Latina, como el Museo Nacional de Antropología y el Museo del Templo Mayor, entre otros. El objetivo: replantear la narrativa sobre las sociedades precolombinas y darles voz desde sus propios nombres, contextos y lenguajes.
“Ya no usamos el término azteca, sino mexica; y llamamos a los mixtecos también como ñuu savi (‘pueblo de la lluvia’), porque así se autodenominan”, explicó Filloy. “También destacamos que estas culturas siguen vivas, tanto en México como en ciudades como Nueva York”.
Cerca de 700 piezas y una visión de largo alcance
El rediseño incluye alrededor de 700 objetos patrimoniales, que van desde el 1200 a.C. hasta la llegada europea al continente en el siglo XVI. Entre ellos se encuentran piezas de piedra, jadeíta, madera, metal, cerámica y concha, distribuidas en una narrativa que recorre desde la Patagonia hasta Mesoamérica, revelando los intercambios comerciales y culturales milenarios que tejieron el continente.
Uno de los aspectos innovadores del montaje es el reconocimiento de los antiguos autores de piezas escultóricas, como Chakalte’, un artista maya del siglo VIII que trabajó para la élite del Usumacinta.
Asimismo, el Met ha incorporado elementos museográficos contemporáneos como mapas interactivos, señalética bilingüe (inglés-español) y experiencias virtuales, con el fin de fortalecer los vínculos identitarios de las comunidades migrantes que visitan el museo.
Arte, raíces y pertenencia en una ciudad global
Cada semana, el Met ofrece horarios extendidos para permitir que personas con jornadas laborales complicadas puedan visitar sus salas. Filloy subrayó la importancia de que padres e hijos migrantes puedan reconocerse en las piezas expuestas: “Que un padre diga ‘esto es México’ o ‘esto es Costa Rica’, de aquí provenimos, y sientan que su historia también está representada”.
En línea con su misión educativa, el Met también pone a disposición del público recorridos virtuales y archivos multimedia gratuitos, facilitando el acceso global a su vasto acervo cultural.
Con más de seis millones de visitantes anuales, el Met se reafirma como una institución de alcance global y conciencia crítica. Su renovada Sala de Arte de la Antigua América no solo da visibilidad a civilizaciones fundamentales para la historia del continente, sino que también envía un mensaje claro: los pueblos originarios no son pasado, son presente vivo y futuro compartido.
Esta reapertura no es solo una apuesta estética o académica, sino un acto de reconocimiento cultural y justicia histórica en uno de los museos más influyentes del mundo.
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