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    Katy Perry al borde del espacio: el dilema de quién merece ser llamado astronauta

    La cantante Katy Perry, la periodista Gayle King y otras cuatro pasajeras se preparan para un despegue muy particular: un vuelo suborbital con Blue Origin, la empresa aeroespacial de Jeff Bezos. El lunes, la tripulación —compuesta enteramente por mujeres— pasará unos minutos en la frontera del espacio, flotando en ingravidez, en una de las misiones de turismo espacial más comentadas en años. Pero el verdadero debate empieza en tierra: ¿a qué punto se considera que comienza realmente el espacio?

    Durante el viaje, el grupo alcanzará más de 100 kilómetros de altitud, sobrepasando la llamada línea Kármán. Este límite, adoptado por la Fédération Aéronautique Internationale, establece los 100 kilómetros como el inicio del espacio. Sin embargo, no existe una definición universal. El gobierno de Estados Unidos, por ejemplo, lo fija en los 81 kilómetros. Así, mientras que Blue Origin celebra cruzar el umbral de los 100, su rival Virgin Galactic opera por debajo de esa marca, lo que ha generado disputas públicas sobre quién tiene derecho a llamarse «astronauta».

    La línea Kármán, propuesta en los años 50 por el físico Theodore von Kármán, indica el punto donde el aire se vuelve tan delgado que una nave ya no puede volar como avión y debe impulsarse como cohete. No obstante, esta línea no es fija: estudios señalan que podría fluctuar entre los 84 y los 100 kilómetros, dependiendo de las condiciones atmosféricas.

    ¿Quiénes recibían la insignia «Alas de Astronauta»?

    En los inicios de la era espacial, los pilotos estadounidenses que alcanzaban los 81 kilómetros recibían alas de astronauta. Incluso la FAA otorgaba este reconocimiento a participantes del sector privado, pero en 2021 abandonó el programa formal. Hoy, cada empresa define sus propios criterios: SpaceX, por ejemplo, entrega alas plateadas a quienes vuelan en su cápsula orbital Crew Dragon.

    Mientras el público imagina a los astronautas flotando en el espacio, rodeados de estrellas, la realidad física es otra. La ingravidez no depende exclusivamente de la altitud, sino del estado de caída libre que se genera en el punto más alto del vuelo suborbital. En ese instante, la cápsula y sus ocupantes no tienen peso porque la aceleración del cohete se equilibra con la gravedad terrestre.

    En la Estación Espacial Internacional, los astronautas viven meses sin peso gracias a la velocidad de su órbita. En contraste, los vuelos como el de Blue Origin ofrecen solo unos minutos de esa experiencia, sin llegar a la órbita. Aun así, técnicamente, cumplen con la altitud mínima según algunos criterios.

    ¿Dónde inicia el espacio?

    Para expertos como Spence Wise, de Redwire Space, una altitud más adecuada para definir el inicio del espacio estaría en los 88 kilómetros, basada en la observación del comportamiento de cohetes reentrando a la atmósfera. A esa altura, los objetos dejan de moverse como satélites y comienzan a caer, incapaces de mantener una órbita estable.

    A pesar de estas diferencias, organismos como la Federación Mundial de Deportes Aéreos han decidido mantener los 100 kilómetros como estándar. La elección no es solo científica, también tiene un componente simbólico. Como señaló Wise, «necesitamos estas definiciones consensuadas para validar lo que sigue siendo una hazaña épica: llegar al espacio».

    Así que, cuando Katy Perry y compañía floten en el borde del cielo, no solo vivirán una experiencia única, sino que reavivarán una vieja pregunta con implicaciones políticas, científicas y filosóficas: ¿qué significa realmente ir al espacio?

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