La muerte del papa Francisco, ocurrida este lunes a los 88 años, marca el cierre de un pontificado profundamente reformador que transformó la Iglesia católica desde sus cimientos. A lo largo de más de una década al frente del Vaticano, Jorge Mario Bergoglio —el primer papa latinoamericano— impulsó una agenda centrada en la transparencia, la justicia social y la defensa de los más vulnerables, enfrentando resistencias internas y desafíos globales.
Reforma de la Curia Romana y transparencia financiera
Uno de los pilares de su pontificado fue la reforma de la Curia Romana, con el objetivo de descentralizar el poder en el Vaticano y fortalecer la evangelización y la voz de las iglesias locales. Esta visión quedó plasmada en la nueva Constitución Apostólica promulgada en 2022, que reorganizó los dicasterios y abrió espacio a la participación de laicos y mujeres en cargos de responsabilidad.
En materia financiera, Francisco inició una profunda reestructuración del aparato económico de la Santa Sede. En 2014 creó el Secretariado para la Economía, promovió políticas anticorrupción y clausuró más de 5,000 cuentas sospechosas en el Banco del Vaticano. Sin embargo, estas medidas se vieron opacadas por escándalos como el caso Becciu, una polémica operación inmobiliaria que expuso tensiones internas y debilitó su cruzada por la transparencia.
Tolerancia cero frente a los abusos sexuales
Uno de los temas más sensibles de su pontificado fue el manejo de los abusos sexuales a menores dentro de la Iglesia. Tras años de escándalos internacionales y fracasos iniciales, Francisco asumió con mayor firmeza la necesidad de justicia para las víctimas. En 2019, expulsó al cardenal estadounidense Theodore McCarrick y eliminó el secreto pontificio en casos de pederastia, facilitando así las investigaciones internas.
Además, creó la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, obligó a religiosos a reportar casos a sus superiores y promovió la apertura de espacios de escucha en diócesis de todo el mundo. No obstante, el secreto de confesión permaneció intacto, en lo que fue una de las críticas más persistentes al alcance limitado de algunas de sus reformas.
Fiel a su vocación por estar cerca de los olvidados, Francisco convirtió a las «periferias del mundo» en el centro de su diplomacia vaticana. Visitó más de 40 países, entre ellos Irak, República Democrática del Congo y países del Este europeo, llevando un mensaje de diálogo interreligioso, paz y solidaridad.
Su papel fue clave en el acercamiento histórico entre Estados Unidos y Cuba en 2014, así como en el respaldo al proceso de paz en Colombia. También firmó un acuerdo sin precedentes con China sobre el nombramiento de obispos en 2018. Sin embargo, no logró avances en el conflicto entre Rusia y Ucrania, donde sus llamados a la paz no lograron frenar la violencia ni avanzar en el acercamiento con la Iglesia ortodoxa rusa.
Defensa de los migrantes, el medioambiente y la justicia social
Desde sus primeros días en el papado, Francisco hizo de la defensa de los migrantes una bandera personal. Sus viajes a Lampedusa y Lesbos dejaron imágenes poderosas de un líder comprometido con los desplazados por la guerra y la pobreza.
Su encíclica «Laudato Si» (2015) se convirtió en un hito global al denunciar la devastación del medio ambiente y promover una «ecología integral». Posteriormente, con el Sínodo de la Amazonía, propuso el concepto de “pecado ecológico” como un imperativo moral ante la crisis climática.
Durante la pandemia de Covid-19, Francisco profundizó su llamado a una mayor equidad social, denunciando el egoísmo del sistema económico mundial y urgiendo a repensar la globalización con un enfoque más humano.
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