El cuerpo del papa Francisco ya reposa en un modesto ataúd, ubicado en la planta baja de la Casa Santa Marta, la residencia que el pontífice eligió para vivir desde el inicio de su papado en 2013. Lejos de los lujos y protocolos tradicionales, Francisco reafirmó su elección de vida centrada en la humildad y la cercanía con el pueblo.
Fiel a su estilo, el ataúd es sencillo y sin ornamentaciones, siguiendo los deseos expresados en su testamento. Francisco había pedido ser recordado como un «siervo de Dios» y no como un monarca eclesiástico. En ese mismo documento solicitó una tumba austera, sin decoraciones especiales, con una única inscripción: «Franciscus».
La residencia de Santa Marta se convirtió en su hogar para mantenerse alejado de las estructuras de poder tradicionales dentro del Vaticano. A diferencia de sus predecesores que ocuparon el Palacio Apostólico, Francisco prefirió la funcionalidad y el ambiente comunitario de esta casa.
El cuerpo del pontífice será expuesto próximamente para la veneración de los fieles, antes de su traslado definitivo a la Basílica de Santa María la Mayor. Allí, entre la Capilla Paulina y la Capilla Sforza, descansará según su expreso deseo.
Santa Marta: el refugio elegido por Francisco
Desde el primer día de su papado, Francisco explicó que su elección de vivir en Santa Marta obedecía a su deseo de humildad y cercanía con los demás. No quiso ocupar el tradicional y aislado Palacio Apostólico, prefiriendo compartir espacios comunes con otros cardenales, obispos y sacerdotes que visitan la Santa Sede.
La Casa Santa Marta es una residencia moderna dentro del Vaticano. Diseñada como un «hotel vaticano», se caracteriza por su sobriedad y funcionalidad. Francisco vivió en una suite sencilla en el segundo piso, con apenas una cama individual, un escritorio, un sillón y un crucifijo. Allí dormía, escribía, rezaba y recibía visitas.
Compartía el comedor y otros espacios comunes con los residentes, manteniendo conversaciones cotidianas y fortaleciendo su imagen de cercanía.
Francisco, que siempre se presentó como «el obispo de Roma», eligió cerrar su ciclo terrenal del mismo modo en que vivió su pontificado: con sencillez, austeridad y cerca del pueblo.
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