La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA, por sus siglas en inglés) anunció un recorte del 20% de su plantilla global debido a un déficit presupuestario de 58 millones de dólares, una crisis financiera provocada principalmente por la reducción en la contribución de Estados Unidos, su mayor donante histórico.
La medida fue confirmada en una nota interna enviada al personal por Tom Fletcher, jefe de la OCHA, quien explicó que la oficina, que actualmente cuenta con 2,600 empleados en más de 60 países, deberá reorganizarse para operar con unos 2,100 empleados en menos regiones.
“El déficit de financiación nos obliga a reagruparnos en una organización de unos 2,100 empleados en menos lugares”, escribió Fletcher, destacando la necesidad de priorizar recursos y ajustar la presencia operativa en el terreno.
Golpe a la ayuda humanitaria global
La OCHA desempeña un papel central en la coordinación de la asistencia humanitaria durante crisis, conflictos y desastres naturales, facilitando la movilización de recursos, la distribución de ayuda y la recopilación de información clave. Su funcionamiento depende casi exclusivamente de contribuciones voluntarias de los Estados miembros.
Estados Unidos ha sido por décadas el mayor donante humanitario del mundo y, en el caso de la OCHA, representaba el 20% del financiamiento extrapresupuestario anual, con una contribución de 63 millones de dólares.
Sin embargo, desde el retorno de Donald Trump a la presidencia de EE. UU. en enero, su administración ha reducido miles de millones en ayuda exterior bajo el enfoque de política exterior “Estados Unidos primero”, priorizando el financiamiento nacional sobre los compromisos internacionales.
Reducción de operaciones en países clave
Como consecuencia del recorte, la OCHA reducirá o cerrará operaciones en varias regiones estratégicas, lo que representa un duro golpe a la ayuda humanitaria en zonas vulnerables. Según Fletcher, se disminuirá la presencia en Camerún, Colombia, Eritrea, Irak, Libia, Nigeria, Pakistán, Gaziantep (Turquía) y Zimbabue, todos países con necesidades humanitarias persistentes y, en algunos casos, en aumento.
“OCHA concentrará más sus recursos en los países en los que trabaja, pero operará en menos lugares”, aclaró el funcionario.
Ajustes en medio de crisis de liquidez
La reestructuración de la OCHA se produce en un contexto más amplio de crisis financiera dentro del sistema de Naciones Unidas. El secretario general de la ONU, António Guterres, ya había advertido el mes pasado sobre la necesidad de mejorar la eficiencia operativa y reducir costos como parte de una nueva iniciativa para responder a la crisis de liquidez del organismo, en su año número 80 de existencia.
La decisión marca un momento delicado para la diplomacia humanitaria internacional, en momentos en que las crisis globales se multiplican, desde guerras y desplazamientos forzados hasta catástrofes climáticas. La reducción de la OCHA podría tener implicaciones directas en la capacidad de respuesta coordinada de la ONU frente a emergencias, así como en la cobertura de ayuda para millones de personas vulnerables.
Mientras tanto, analistas y expertos humanitarios han advertido que esta contracción puede dejar vacíos operativos en regiones que aún enfrentan conflictos armados, desplazamientos masivos, hambrunas y brotes epidémicos.
Con el escenario político global cada vez más incierto y con un número creciente de países reduciendo sus aportes multilaterales, el futuro de la asistencia humanitaria enfrenta un nuevo desafío: sobrevivir con menos recursos en un mundo con más crisis.
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