El Vaticano amaneció con humo blanco y un nuevo liderazgo: el cardenal Robert Francis Prevost, originario de Chicago y con una extensa trayectoria pastoral en Perú, ha sido electo como el nuevo papa de la Iglesia Católica. Asumirá el nombre de León XIV, convirtiéndose en el primer pontífice originario de EE. UU., con una mirada marcada por su experiencia en América Latina.
La decisión del cónclave, alcanzada este jueves tras dos jornadas de votaciones entre 133 cardenales, desató el entusiasmo de los miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro. Con 69 años, una doble ciudadanía -estadounidense y peruana- y un perfil reformista, León XIV llega al trono de Pedro tras el fallecimiento del papa Francisco, heredando un legado cargado de aperturas y tensiones internas.
Prevost no es ajeno a la vida pastoral latinoamericana. Su labor en Perú se remonta a la década de los 80, cuando dirigió misiones agustinas en Chulucanas y Trujillo. Entre 1988 y 1999, fue prior, maestro de profesos y profesor de derecho canónico en el Seminario Mayor de Trujillo. En 2015, se le otorgó la nacionalidad peruana.
Perfil de un papa con raíces latinoamericanas
Su formación incluye una licenciatura en Matemáticas, una maestría en Divinidad y un doctorado magna cum laude en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino (Angelicum). Fue ordenado obispo en 2014 por el papa Francisco, quien también lo elevó a cardenal en 2023.
Hasta hoy, fungía como prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, además de integrar siete dicasterios y la Comisión para el Gobierno del Estado del Vaticano. Fue considerado uno de los hombres de mayor confianza del papa Francisco.
Su elección, lejos de ser sorpresiva, confirma una inclinación del Colegio Cardenalicio hacia un liderazgo con sensibilidad latinoamericana, aunque con capacidad de interlocución con el mundo anglosajón.
La Iglesia, que hoy cuenta con más de 1,400 millones de fieles, espera ahora el inicio de un nuevo ciclo. La aparición de León XIV en el balcón de la basílica vaticana marcó el tradicional «Habemus papam» y dio comienzo a un pontificado que promete continuidad, pero también nuevas prioridades pastorales.
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