El amanecer del pasado 1 de diciembre dejó en evidencia el alto nivel de riesgo que enfrentan mujeres en cargos públicos en Morelos. Las viviendas de la síndica de Xoxocotla, Alicia Fernandina Capistrán Martínez, y de las regidoras Xitlali Mejía Huerta y Alma Rosa Santos Mata fueron atacadas a balazos casi al mismo tiempo, de acuerdo con los reportes recabados por su asesor jurídico, Luis Linares Castro. Las agresiones ocurrieron entre las 3:57 y las 4:02 horas, contra domicilios ubicados a escasos metros unos de otros, lo que refuerza la hipótesis de atentados coordinados que buscan intimidarlas por su labor pública. Testigos señalaron que dos sujetos a bordo de una motocicleta dispararon directamente contra las puertas principales de cada vivienda.
Violencia política ignorada por autoridades estatales
En la casa de Xitlali Mejía se contabilizaron entre tres y cuatro impactos de arma de fuego. En la vivienda de la síndica, al menos cuatro. Y en la casa de los padres de la regidora Santos Mata, cinco detonaciones. Aunque las víctimas llamaron al 911 y personal de la Fiscalía Regional acudió a recabar indicios, se les informó que la carpeta de investigación se abriría únicamente por daños. Las funcionarias anticiparon que solicitarán la reclasificación, pues consideran que se trató de atentados vinculados con su trabajo dentro del cabildo.
Las tres servidoras cuentan con medidas de protección dictadas por el Tribunal Electoral del Estado de Morelos debido a un juicio por violencia política en razón de género. Sin embargo, según su asesor jurídico, tales medidas se han aplicado de forma deficiente. La vigilancia se ha limitado a rondines esporádicos y sin presencia permanente, lo que dejó abiertas las condiciones para que los ataques ocurrieran.
Las funcionarias han denunciado amenazas previas que atribuyen al alcalde de Xoxocotla, José Carlos Jiménez Ponciano. Según Linares Castro, diversas instancias estatales han sido omisas pese a conocer desde hace semanas la gravedad del caso. Además, insistió en que la gobernadora Margarita González Saravia y el fiscal Fernando Blumenkron deben garantizar seguridad real y dar seguimiento puntual a las investigaciones.
Observatorio exige acciones inmediatas y fin a la impunidad
El Observatorio de la Paridad y Violencia Política de Morelos condenó la escalada de agresiones y exigió que las autoridades estatales y federales activen medidas de protección efectivas y continuas. Recordó que en semanas recientes funcionarias y funcionarios municipales denunciaron amenazas, hostigamiento y presiones vinculadas al alcalde, al secretario municipal y al tesorero. Tras visibilizar estas situaciones, el nivel de riesgo aumentó y se registraron nuevas amenazas.
El organismo señaló que los elementos asignados para proteger a las funcionarias solo hacían presencia momentánea, sin vigilancia real. Esa omisión permitió que la violencia escalara hasta llegar al ataque armado de la madrugada. Aseguró que los hechos vulneran directamente el ejercicio del cargo y ocurren en un contexto de impunidad. Demandó investigaciones formales contra las autoridades señaladas, así como coordinación inmediata entre instancias de seguridad y justicia.
También llamó a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana a garantizar protección permanente y advirtió que una nueva agresión sería responsabilidad de la negligencia institucional.
Gobierno estatal minimiza denuncias
A pesar de la presión pública, la respuesta del gobierno estatal contrastó con la gravedad de los hechos. El secretario de Gobierno de Morelos, Édgar Maldonado, declaró que en una reunión con actores municipales se abordaron “algunos aspectos sobre diferencias” y llamó al equilibrio y la paz social. Su postura se centró en el diálogo y la estabilidad, sin señalar los ataques como actos de violencia política ni reconocer la falta de medidas de seguridad efectivas.
La falta de reconocimiento oficial sobre la naturaleza de los hechos refuerza el malestar entre las víctimas y organizaciones civiles, que consideran que la omisión estatal contribuye a que la violencia escale.
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