La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, respondió esta mañana a la solicitud del expresidente Ernesto Zedillo, quien pidió auditar de forma internacional e independiente obras emblemáticas del sexenio anterior, como el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas. La mandataria descartó la necesidad de esta revisión externa y defendió la legitimidad y beneficios de los proyectos impulsados por la llamada Cuarta Transformación.
Durante su conferencia matutina, Sheinbaum fue cuestionada por el planteamiento de Zedillo, quien en una carta pública propuso auditar profesionalmente dichas obras para conocer sus costos reales y beneficios perdidos, señalando además los posibles impactos ecológicos, especialmente en la península de Yucatán.
“No se necesita. Pero además, ¿cómo lo puedes comparar? A ellos no les gusta que haya regresado la obra pública en México. No les gusta que estemos construyendo tantas carreteras con recursos públicos porque ellos creen que todo debería ser privado, que las carreteras deberían concesionar. A eso se dedicaron: concesionaron todo”, respondió Sheinbaum de forma tajante.
Defensa del Tren Maya y Dos Bocas
La presidenta defendió particularmente el Tren Maya, uno de los proyectos insignia del expresidente Andrés Manuel López Obrador, resaltando su impacto turístico y simbólico para el país:
“Ellos no están de acuerdo con el Tren Maya, dicen que son obras suntuosas que no sirven para nada. Pero la atracción del turismo por el Tren Maya en el sureste de México es impresionante. Va lleno, y además pone en alto a la gran nación maya y el origen de México”, enfatizó.
Asimismo, reiteró que no se requiere un auditor internacional para evaluar estas obras, ya que esa función ya la cumple la Auditoría Superior de la Federación (ASF), órgano independiente designado por el Congreso.
“¿Para qué se necesita un auditor independiente si eso ya lo hace la ASF? Es un organismo independiente que nombran las Cámaras, y su actual director no fue nombrado recientemente, ya tiene tiempo ahí”, explicó.
La petición del exmandatario, quien gobernó México de 1994 a 2000, busca evaluar obras que —según él— fueron construidas por motivos políticos más que estratégicos. Zedillo ha calificado al Tren Maya y a Dos Bocas como “caprichos” de López Obrador, cuestionando el nivel de planeación y el impacto ambiental, incluyendo afectaciones a cenotes, ríos subterráneos y ecosistemas protegidos.
En contraste, Sheinbaum ha reiterado que estas obras no solo son necesarias para el desarrollo del país, sino que representan un cambio de paradigma frente al modelo neoliberal que priorizó la privatización de infraestructuras públicas.
Un debate entre visiones de país
Este intercambio entre Sheinbaum y Zedillo refleja la confrontación de dos modelos de gestión pública: uno que defiende la inversión estatal como motor del desarrollo social, y otro que aboga por la intervención de organismos independientes y mecanismos de transparencia externos para vigilar el uso de recursos públicos.
Por ahora, la presidenta ha dejado claro que no habrá auditoría internacional adicional y que los proyectos seguirán bajo la supervisión de los órganos autónomos del Estado mexicano.
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