El Metropolitan Detention Center (MDC) de Brooklyn se ha convertido en un símbolo incómodo de la ofensiva estadounidense contra el narcotráfico y el crimen transnacional. En ese penal federal de alta seguridad coinciden hoy figuras históricas del narcotráfico mexicano y Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, detenido y trasladado a Nueva York para enfrentar cargos federales por narcoterrorismo. La coincidencia no es anecdótica: para Washington, varios de esos internos forman parte de una misma red criminal señalada por facilitar el tráfico internacional de drogas hacia EE. UU. durante décadas.
La reclusión de Maduro en el MDC Brooklyn, tras su captura el 3 de enero, colocó al mandatario venezolano en un entorno dominado por acusados de delitos de alto impacto. El centro alberga a más de mil 300 internos, muchos de ellos bajo procesos federales complejos. Es la prisión de referencia para casos de terrorismo, crimen organizado y conspiraciones internacionales en la costa este. Ahí, la narrativa judicial de Estados Unidos se vuelve concreta: políticos, capos y operadores financieros bajo un mismo techo.
Un penal que concentra el poder criminal
Desde 2024, la cooperación en materia de seguridad entre México y Estados Unidos derivó en la entrega o traslado de decenas de líderes criminales. El MDC Brooklyn reúne hoy a varios de los nombres más conocidos del narcotráfico mexicano, algunos mencionados directamente en la acusación presentada contra Maduro por el Departamento de Justicia estadounidense.
Ismael “El Mayo” Zambada, cofundador del Cártel de Sinaloa, es uno de los internos más vigilados. Fue capturado en julio de 2024 tras ser engañado y trasladado a territorio estadounidense. Declarado culpable de diversos cargos por narcotráfico, espera sentencia bajo un régimen de máxima seguridad. Para las autoridades de EE. UU., su organización es clave en la red internacional que permitió el flujo de cocaína desde Sudamérica.
Rafael Caro Quintero, fundador del Cártel de Guadalajara, también permanece en el penal. Fue trasladado a Estados Unidos en febrero de 2025, tras décadas en la lista de los más buscados por la DEA. Enfrenta cargos por narcotráfico, conspiración y homicidio, incluido el asesinato del agente Enrique “Kiki” Camarena. Su aislamiento es estricto, dadas las implicaciones históricas de su caso.
Servando Gómez Martínez, “La Tuta”, exlíder de Los Caballeros Templarios, fue entregado en agosto de 2025. Las investigaciones estadounidenses lo señalan como operador financiero y propagandístico de estructuras criminales. Enfrenta cargos por narcotráfico, terrorismo y lavado de dinero, con un perfil que lo coloca entre los internos de mayor riesgo.
A esta lista se suma Vicente Carrillo Fuentes, “El Viceroy”, exjefe del Cártel de Juárez, trasladado junto a otros capos mexicanos. Su historial de violencia y control territorial le valió un régimen de fuertes restricciones dentro del penal. Omar Treviño Morales, “Z-42”, exlíder de Los Zetas, permanece bajo aislamiento severo desde abril de 2025, debido a los antecedentes de brutalidad de la organización que encabezó.
El señalamiento contra Maduro
Nicolás Maduro enfrenta cargos federales por narcoterrorismo, conspiración y tráfico internacional de cocaína. El Departamento del Tesoro de EE. UU. lo identifica como presunto líder del llamado “Cártel de los Soles”, una estructura que habría operado desde el Estado venezolano para facilitar envíos de droga hacia territorio estadounidense.
Según las acusaciones, durante más de 25 años altos funcionarios venezolanos habrían colaborado con el Cártel de Sinaloa y con Los Zetas. Las autoridades estadounidenses sostienen que se utilizaron recursos oficiales, protección militar, pasaportes diplomáticos y rutas aéreas y marítimas controladas para garantizar el tráfico de estupefacientes. Parte de esos recursos, señalan, se habría destinado a financiar campañas políticas y a sostener la estructura del chavismo.
Un símbolo del mensaje estadounidense
El MDC Brooklyn no solo alberga a criminales mexicanos y al mandatario venezolano. En sus celdas han pasado figuras de alto perfil internacional, desde expresidentes latinoamericanos hasta líderes criminales de otras regiones y personajes mediáticos. Su ubicación, cerca de tribunales federales y fiscalías, permite traslados discretos y un control absoluto sobre internos considerados sensibles.
La coincidencia de capos mexicanos y Nicolás Maduro en la misma prisión refuerza el mensaje político y judicial de Estados Unidos. Para Washington, no se trata de casos aislados, sino de una misma estructura criminal transnacional. La justicia estadounidense busca probarlo en tribunales. El desenlace de estos procesos marcará un precedente en la relación entre crimen organizado, poder político y cooperación internacional.
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