Destructor USS Gravely atraca en Veracruz en medio de tensión con EE. UU.

El destructor de misiles USS Gravely (DDG-107) atracó este sábado en el puerto de Veracruz, específicamente en el muelle 9, junto a la histórica fortaleza de San Juan de Ulúa. La Secretaría de Marina (Semar) ha guardado silencio oficial sobre el arribo, aunque fuentes extraoficiales confirmaron que parte de la tripulación desembarcó y fue trasladada en vehículos de la misma dependencia.

La llegada del buque estadounidense ocurre en un momento particularmente tenso para las relaciones entre México y EE. UU., marcado por la imposición de nuevos aranceles que ya están afectando el comercio bilateral. La maniobra, hasta ahora sin explicación oficial, aviva las especulaciones sobre un posible endurecimiento de la postura estadounidense en la región.

Hace apenas unas semanas, el USS Gravely había sido desplegado en aguas internacionales del Golfo de México para operaciones de «seguridad y combate al narcotráfico», según informaron autoridades estadounidenses. La presidenta Claudia Sheinbaum minimizó entonces el despliegue, asegurando que no era necesario un permiso mexicano dado que el buque se encontraba en territorio internacional.

Sin embargo, su presencia ahora en aguas y territorio portuario mexicano plantea interrogantes incómodos. ¿Qué motivó el cambio de posición? ¿Hubo algún tipo de acuerdo bajo la mesa? Hasta el momento, ni la Semar ni otras autoridades mexicanas han ofrecido una postura pública.

Un destructor de peso

El USS Gravely es un destructor de misiles guiados equipado con el avanzado sistema de combate Aegis, capaz de llevar a cabo misiones de defensa aérea, operaciones de superficie y submarinas. Sus dimensiones imponen respeto: mide 155 metros de largo y tiene un calado de 9 metros. El buque lleva el nombre del vicealmirante Samuel L. Gravely Jr., primer afroamericano en comandar un buque de guerra en la Marina de EE. UU.

Reconocido como un símbolo de la fuerza naval estadounidense, su presencia en el puerto de Veracruz no puede verse como un simple trámite de rutina.

Hasta ahora, el gobierno mexicano se mantiene en silencio. Pero en un contexto donde Washington endurece su política comercial y militar, cada movimiento pesa.

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