La vida de María Guadalupe López Esquivel, conocida como “La Catrina”, es un reflejo de la violencia que envuelve a regiones como Tepalcatepec y Buenavista, en Michoacán. Su trágica transformación —de estudiante con calificaciones destacadas a sicaria del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG)— terminó abruptamente en enero de 2020 tras un enfrentamiento armado con fuerzas de seguridad.
Una infancia prometedora en Tepalcatepec
Nacida el 30 de marzo en Buenavista, Michoacán, y criada en Tepalcatepec, María Guadalupe mostró desde pequeña habilidades académicas sobresalientes. Durante su primaria en la escuela Benito Juárez, obtuvo un promedio de 8.9. Sin embargo, con el tiempo, su vida tomó un rumbo distinto.
Vecinos la recuerdan como una adolescente atraída más por la vida en las calles y las motocicletas que por los estudios. “Se perdió en las drogas y en las malas compañías”, relató un poblador de Tepalcatepec. En 2017, abandonó su hogar para convivir con miembros del CJNG, sellando su destino en el crimen organizado.
El ascenso en el CJNG
Bajo la tutela de Miguel Fernández, alias “El M2”, La Catrina se convirtió en una figura clave dentro del CJNG. Su popularidad creció en redes sociales, donde se le veía portando armas y luciendo un tatuaje de una catrina en el muslo, distintivo que permitió su identificación tras su muerte.
La joven fue identificada como autora material del ataque más sangriento contra la policía michoacana en la historia reciente: la emboscada de El Aguaje.
El ataque en El Aguaje: una emboscada brutal
El 14 de octubre de 2019, una caravana de cinco patrullas de la Policía Estatal fue emboscada por al menos 30 sicarios del CJNG en El Aguaje, municipio de Aguililla. El ataque dejó 13 policías muertos y 9 heridos.
Los sicarios, usando vehículos blindados y armas de alto calibre, superaron a los policías, quienes solo contaban con pistolas. Testimonios indican que los agentes apenas pudieron huir a pie. En el sitio quedaron patrullas calcinadas y narcomensajes firmados por el CJNG, lanzando amenazas contra autoridades y grupos rivales.
La evidencia apuntó a La Catrina como una de las operadoras directas del ataque, siguiendo órdenes de El M2. En una grabación filtrada, se escucha a la joven reportándose: “Sí, comando, nomás se nos ponchó una llanta”.
El operativo final y la muerte de La Catrina
El 10 de enero de 2020, un operativo de la Guardia Nacional, la Sedena y la Policía Estatal localizó a La Catrina en una casa de seguridad en la comunidad de La Bocanda, en Tepalcatepec. Tras un enfrentamiento, López Esquivel fue herida de gravedad con un disparo en el cuello.
Un video difundido en medios mostró a la joven agonizando mientras era asistida por agentes que intentaban mantenerla consciente: “Tranquila, mija, ya viene el helicóptero por ti”. Sin embargo, murió horas después en un hospital debido a un shock hipovolémico.
En el operativo, las autoridades aseguraron armas largas, cartuchos, chalecos tácticos, droga y un vehículo robado. Además, detuvieron a siete presuntos miembros de la célula criminal responsable del ataque en El Aguaje.
Un símbolo de una nueva generación criminal
La breve pero intensa carrera de La Catrina refleja la diversificación y brutalidad creciente en las filas del crimen organizado en México. Su figura se ha convertido en símbolo del rol cada vez más visible de las mujeres en grupos criminales como el CJNG, especialmente en zonas estratégicas como Tierra Caliente.
A cinco años de su muerte, el legado de María Guadalupe López Esquivel sigue siendo recordado como un trágico emblema de cómo la violencia y el crimen reclutan a generaciones enteras en las regiones más vulnerables del país.
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